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La Paz y la Confesión de los pecados

La Palabra de Dios

La Misa

La Misa

La Misa no es algo aburrido que se han inventado los curas para hacer cumplir a la gente.

La Misa no es en cierto modo, una obligación que tenemos que cumplir o un mandamiento de la Iglesia, aunque ciertamente lo son, no hay que vivirlos como tales, porque estaríamos haciendo mal.

La Misa es algo de un valor infinito para el hombre. No hay nada que valga más que la Misa. Una sóla Misa perdona TODOS tus pecados por medio del Sacrificio que Cristo hizo en la cruz.

El Sacramento de la Eucaristía es también conocido como "Misa", aunque más propiamente la Santa Misa sería la celebración dentro de la cual se lleva a cabo el Sacramento de la Eucaristía, que ocupa la segunda parte de la Misa.

La Misa se celebra desde los tiempos apostólicos. (Hch 2,42) (1 Co 11,23-26), cuando los cristianos se reunían para oir la Palabra de Dios, orar juntos, compartir sus bienes con los demás y participar de la cena del Señor, haciendo lo que mismo Señor instituyó la noche en que iba a ser entregado.

La Misa es el memorial de la Muerte y Resurrección de nuestro Señor Jesucristo, y es un verdadero Sacrificio.

La palabra "Misa" es una forma derivada que proviene del latín "missio" que significa "enviar".

El uso de la Palabra Misa se remonta al siglo IV.

Según enseña el Catecismo de la Iglesia Católica, en el número 1332, se denomina al sacrificio eucarístico con la palabra Misa 'porque la liturgia se termina con el envío de los fieles (del verbo 'missio', enviar) a fin de que cumplan la voluntad de Dios en su vida cotidiana'.

Durante la Misa los católicos leemos la Biblia en comunidad. Hacemos normalmente una primera lectura generalmente tomada del Antiguo Testamento o los Hechos de los Apóstoles. Luego se lee o se canta un Salmo, por medio del cual alabamos a Dios, el único digno de adoración. La segunda lectura se toma siempre de las cartas que escribieron alguno de los Apóstoles, donde vemos como vivían los primeros cristianos y oímos algunas enseñanzas de Jesús. Finalmente lo más importante, una lectura de alguno de los cuatro evangelios, donde escuchamos las enseñanzas de Jesús, que posteriormente el sacerdote nos explica en la homilía.

No olvides que no es suficiente con oir sólo la Palabra de Dios en la Misa. Luego tienes que meditar lo que has oido, y hacerlo vida en ti, porque la Palabra de Dios es viva y eficaz.

Después de comulgar, puedes meditar sobre lo que oíste y dar gracias a Dios, de modo que cuando salgas de la Iglesia, no salgas igual que entraste, sino que hayas vivido una relación personal con Cristo y ahora actúes en tu vida de acuerdo al Evangelio que te fue predicado.