La Paz y la Confesión de los pecados
Lee primero el Evangelio según San Juan 20,19-31.
El Señor Jesús viene a nosotros para darnos la Paz. ¿No tienes paz? Examina tu conciencia. Mira cuales sean tus pecados. Tira primero a la basura el orgullo, ya que con orgullo el hombre nunca se reconoce a si mismo como pecador. Incluso a algunos les parecerá que no tienen porque ir a confesarse con otro hombre, pecador como el.
No te extrañe que incluso el Papa, sea quién sea, también debe confesar sus pecados, pues el es también hombre como tu, y por lo tanto puede equivocarse. Lo mismo el Obispo tiene que confesarse, y el sacerdote debe buscar también otro sacerdote para confesar sus pecados.
Por lo tanto, no pienses que es algo extraordinario que cualquier cristiano deba confesar sus pecados a otro hombre, pues sin pecado, sólo es Dios, y su criatura más perfecta, María Virgen.
Entonces, si el sacerdote también es pecador, ¿porqué tengo que confesar a un pecador, mis pecados?
La respuesta es sencilla y fuera de toda duda, para todo aquel que quiere hacer la voluntad de Dios. Hay que confesar los pecados, porque Dios así lo quiere.
Cristo sopló su Espíritu sobre los Apóstoles y les dió el poder de perdonar pecados en su nombre, y también de retenerlos, es decir, que también la Iglesia tiene poder de excomulgar a quién no quiere caminar por el verdadero camino. (Jn 20, 23).
¿Que es esto? Esto es un ministerio dentro de la Iglesia que ejercen los Obispos y sus colaboradores los sacerdotes, que son los sucesores de los Apóstoles. Un ministerio al servicio de los hermanos, por el cual se hace patente la misericordia infinita del Señor.
Si te arrodillas en un confesionario, no te estás arrodillando ante el hombre-sacerdote, sino que es un gesto de adoración al Único Dios y Salvador, ante el cual toda rodilla debe doblarse en señal de adoración.
Cuando el sacerdote consagra el pan y el vino que se convierten en el Cuerpo y Sangre de Cristo, también debes arrodillarte si algo no te lo impide. Es señal de adoración hacia Dios y de testimonio de nuestra fe.
