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El amor es la base

La Paz y la Confesión de los pecados

El discernimiento espiritual

El Señor nos ha dado a cada uno dones y talentos. Los dones y talentos no sirven para guardarlos para uno, sino que sirven para ayudar a los demás, servir a los demás.

Discernir si lo que hay en nosotros viene de Dios o de nosotros mismos, o del demonio, es algo que se aprende con la práctica de observar que es lo que sucede en nuestro interior.

Aquello que te aleja de Dios, no puede venir de Dios, sino del maligno, porque Dios no puede luchar contra sí mismo. Lo que te aleja de Dios puede estar en tu interior (tus pecados), o puede venir de los demás.

En cambio aquello que te conduce a El, si viene de Dios.

Tenemos que observar las señales, la experiencia en nuestro interior o exterior.

La regla es: Por los frutos se conoce al árbol. Un árbol bueno no puede dar frutos malos.

La Tradición de la iglesia nos da doce frutos del Espíritu de Dios. Donde están estos frutos está Dios.

Caridad | Gozo | Paz | Paciencia | Mansedumbre | Bondad | Benignidad | Longanimidad | Fe | Modestia | Templanza | Castidad

El más conocido es la Paz. Cuando alguién te deja un rastro de paz en tu interior, está movido por el Espíritu de Dios.

Igualmente todo lo que nos lleva al amor de Dios y al amor de los hermanos no puede venir sino de Dios. Otro de los frutos al que se recurre con facilidad y que nos indica la presencia de Dios es la humildad, como también el gozo y la alegría profunda.

Los frutos del espíritu malo más conocidos son en cambio, la intranquilidad e incomodidad, el rechazo de Dios y un no sentir gusto por la oración; repulsión e irritabilidad frente a los hombres; orgullo; desaliento y tristeza. El Señor de la luz trae
consolación, el príncipe de las tinieblas trae desolación.

El espíritu malo es el tentador, y la tentación viene al pensamiento. Hay que reconocerla, y fomentar pensamientos contrarios a la tentación, según los frutos del Espíritu Santo.

Cuando es nuestro propio espíritu humano desordenado el que se esconde detrás de nuestras palabras , deseos o acciones, sus frutos son son la búsqueda de honras y glorias, el afán de riquezas y poder y el apetito de placeres y
comodidades, contrarios al espíritu del Evangelio, al espíritu de servicio, pobreza y desprendimiento, contrario a la cruz y su mensaje.

Cuando una predicación, por ejemplo, está movida por un deseo de ser honrado y alabado, en lugar de dejarse mover por Dios para ser un instrumento en manos suyas en servicio dc los demás, no dejará paz esa predicación ni en el predicador ni en los oyentes. Todos quedarán vacíos, aunque sean verdades muy bíblicas las que se anuncien. Detrás de ellas no se movía el
espíritu bueno de Dios, sino el espíritu malo y desordenado, que en este caso, era del hombre.

Para Santa Teresa de Jesús era más de temer estos desórdenes humanos, contra los que hay que luchar, porque son la puerta por la que entra el demonio.


Frutos del Espíritu Santo (corazones.org)
Discernimiento (