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La gran esperanza de nuestra fe

El discernimiento espiritual

El amor es la base

El amor es la base sobre la que tenemos que edificar nuestra vida. Todo aquello que no está edificado en el amor, es frágil e inestable y se puede derrumbar en cualquier momento.

Ser de los que han aceptado la fe tiene unas implicaciones que hay que asumir. Una de ellas, es que vas a tener que aceptar las dificultades de la vida, y las que te pone además el camino de la fe. No va a ser fácil. Verás rosas en ese camino, pero muchas espinas también. Vas a buscarte complicaciones, si aceptas la fe, porque no es fácil en este mundo vivir la fe. Los que aceptan la fe y la viven, son hijos de la luz. Esa luz es Dios, en Cristo.

En cambio si optas por lo que te ofrecen las tinieblas, tal vez lo tengas más fácil. Vas a escoger lo que más comodidad te produzca en todo momento. Vas a ser feliz algunas veces, aunque no siempre tampoco. Pero seguro que vas a tener más facilidades en la vida, que si optas por vivir en la luz.

El que vive en la luz, practica las obras de la luz. Este es caliente. Este agrada al Señor. Sabe que aunque haya problemas, vive en esperanza de que el Señor premiará su dedicación, en el día final.

El que vive en las tinieblas, practica las obras de las tinieblas, porque cree que lo importante es vivir aquí abajo. No espera nada en el día final, no cree.

Pero existe algo peor que ser frío o caliente. La tibieza. El que no es ni frío ni caliente. Coge un poco de cada cosa, y le da igual, ni tiene temor de Dios. La Palabra de Dios usa una expresión muy dura para referirse a los tibios. A los tibios aborrece el Señor.