Sta. Teresita de Lesieux
Foto colorizada -Cristian Gomez




3.UNA GOTITA DE ROCIO EN EL CÁLIZ DE UNA FLOR.

1. “El Señor la rodeó cuidando de ella, la guardó como a las niñas de sus ojos, extendió sus alas como el águila, la tomó y la llevó sobre sus plumas; el Señor sólo la condujo” Deuteronomio 32,10.

En Teresa del Niño Jesús, la llamada popularmente Teresita, se cumplen fielmente las palabras del Deuteronomio con que comienza la liturgia de su fiesta, y que literalmente describen el cuidado del Señor con el pueblo de Israel, liberado de Egipto y conducido al desierto para su purificación. La misma Teresa confiesa que el Señor ha ido apartando las piedras de su camino para que no diera ni un solo tropiezo. Protegida con la oración de tres generaciones, cuidada con delicadeza suma por sus padres, cuyo proceso canónico está en curso, (ambos, Celia Guerin y Luís Estanislao Martín, descansan en sendos sepulcros junta a la Basílica al Amor de Lissieux); huérfana de madre a las cuatro años; toda la familia volcada sobre la pequeña querida, sobre todo, por las cuatro hermanas todas religiosas, han formado a una Santa.

2. Sus hermanas, de una manera singular Paulina, la primera que le precede en el Carmelo, a quien Teresita llama su “madrecita”, y sobre todo su padre, que la llamaba mi Reinecita, han cumplido el ministerio que Isaías describe en la primera lectura, que nos presenta a Jerusalén como una madre solícita rebosante de felicidad y brindándola a todos los hijos que la aman. Sobre ella han derivado la paz, como un río, y la han llevado en sus brazos y la han acariciado sobre sus rodillas, signos evidentes del Padre consolador, que ha hecho florecer sus huesos como un prado. Sus huesos, su carne enferma, sus pruebas y sufrimientos, “los que por ella llevasteis luto”, se han llenado de alegría y reverdecen como la hierba, después de haber llorado y haber soportado toda clase de humillaciones.

3. “Sólo el Señor la condujo”. Cada santo ha dejado en la tierra una estela de luz, la proyectada por su camino que le ha llevado a la unión con Dios. No hay dos santos clonados, como no hay dos ca-minos iguales. Cada santo ha vivido la Vida divina de una manera, porque cada persona tie-ne su carácter particular, pues la gracia no destruye ninguna de las propiedades naturales. Por eso, cuando el santo proyecta su itinerario, cada uno describe el camino que él ha seguido, integrando la variedad que enriquece el jardín de la Iglesia y de la humanidad. Santa Teresita sufrió una verdadera crisis cuando trató de elegir su vocación específica, porque su ambición era inmensa: quería ser sacerdote, misionero, doctor, mártir... Todos los directores que intentó tener, o no la entendieron, o si uno, como el Padre Pichón la comprendió, pronto desapareció de su horizonte. Sólo el Espíritu Santo quería guiar y conducir aquella alma privilegiada, preparada por tres generaciones de santos familiares.

4. El ardor la consumía. Todas la vocaciones la tentaban. ¿Qué camino tomar? Tomó las cartas de San Pablo y leyó el capítulo 12. Yo os enseñaré un camino mejor: “el amor”. Había encontrado su vocación: En el cuerpo de su Madre la Iglesia, será el corazón. Sin el corazón no funciona ningún miembro. Siendo el corazón, la que quiere reunir todas las vocaciones, lo va a conseguir porque infundirá amor en todos. Yo ayudaré, a los sacerdotes, a los misioneros, a los doctores, a los mártires, a todos. Y eso desde un camino irrepetible, como su propio carácter; un camino reflejo de su espíritu, y orientación para otras almas semejantes.

5. “Os aseguro que, si no volvéis a ser como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Por tanto el que se haga pequeño como ese niño, ese es el más grande en el reino de los Cielos” Mateo 18,1. Su camino será el caminito de infancia espiritual, que es tan específico como su alma. El pensamiento de teresa se inspiró en el convencimiento de que no todos los caminos son buenos para todas las almas. Ella nos dice que, al comenzar su vida espiri-tual, se encontró con una multitud de sendas para alcanzar la santidad. Pero advirtió que ninguna encajaba con su espíritu, porque: “Eran, decía, caminos demasiado perfectos para mi alma”.

6. Y volviéndose a Jesús, le dijo que su de-seo era llegar a la cumbre de la montaña del amor. Que la condujese por donde fuera su gusto, pues a ella no le importaba la aspereza del camino con tal de llegar al término. Esta actitud entraña el secre-to de su caminito de infancia espiritual. No escoge ningún camino concreto, y, se abandona en los brazos de Dios. Como el salmista “Acallo y modero mis deseos, como un niño en brazos de su madre”. Se entrega con humildad profunda y sin pretensiones, en los brazos de la Providencia. El salmo 130, es una pieza exquisita y breve, que expresa en pocas palabras, la paz del alma en Dios. El abandono en sus brazos. Resume, todo él, el camino de Santa Teresa en el que predomina el abandono y la confianza, que tiene una ventaja sobre todos los demás, pues lo reduce al elemento esencial de toda santidad. Cuando Teresa se puso a disposición de Jesús para que la lleve por donde Él quiera, no le importó que el camino fuera lleno de claridades o de túneles tenebrosos. Por eso, cuando anduvo por medio de oscuridades espirituales, que no la permitían saber donde se encontraba, ni si adelantaba o retrocedía, caminaba con la misma seguridad que si se viese conducida entre claridades manifiestas. En este estado de confianza plena en Dios el alma no necesita ver ni sentir nada para tener la más abso-luta certeza de que va bien, sabiendo que va en los brazos de Dios.

7. Santa Te-resa del Niño Jesús, naturaleza tímida, va a encontrarse en circunstancias propicias para vivir la sencillez y el abandono en Dios. Es muy joven, vive en un claustro, bajo una Regla, limitada para realizar acciones grandes. A ella no pare-ce que le convenía un camino de penitencias corporales extraordinarias, ni siquiera de grandes obras externas. Cada persona ha de florecer en el lugar y clima en que está plantada. Hoy vemos a un Juan Pablo II, ya anciano, desbordado de actos multitudinarios. Y lo hemos visto durante casi 24 años derrochando todavía mayor dinamismo. El sintió vocación de carmelita descalzo y lleva el escapulario desde sus años de juventud. Antes de entrar al seminario, siendo estudiante universitario en Cracovia, pensó seriamente en entrar en el Carmelo, tras leer las obras de San Juan de la Cruz. Sus escritos místicos le apasionaron hasta el punto de que en ellos basó su tesis doctoral de teología, defendida ante la Universidad Pontificia de Santo Tomás, «Angelicum», en Roma. El Cardenal Sapieha, su Arzobispo de Cracovia, desvió su vocación. Si hubiera seguido aquel camino, su vida y su trayectoria habría sido muy diferente. Teresa de Jesús, la Madre Fundadora del Carmelo de Teresita, siguió una senda muy distinta de la de su hija. Cada uno en su lugar ha de echar las flores de acuerdo con sus circunstancias, cualidades y talentos. Teresita sólo pedía unos brazos divinos que la llevaran a las cumbres de la montaña del amor. Se acaba de descubrir el ascensor, y ella quiere utilizarlo. Intuye que Jesús, con cualidades infinitas, tiene dos grandes lunares: no sabe cálculo y está ciego. Una señora que decía que tenía revelaciones, cuando las confiaba a su confesor, que no las creía, éste le pidió una prueba: Si dices que hablas con Jesús, pídele que te revele algún pecado mío, y te creeré. Acudió a Jesús con el encargo, quien contestó: ¿Un pecado del padre? No recuerdo ninguno. Teresita procede según el carácter infantil de que hablaba Jesús en su Evangelio, el caminito de infancia es-piritual.

8. ¿Su vida va a gozar de menor eficacia? “Ese es el más grande en el reino de los cielos”.

Nosotros medimos las cosas por su realidad física o por su trascendencia moral o social. Creemos que el esfuerzo realizado debe ser el principio que dé efi-cacia a la obra. Esto es lo que ocurre en el orden puramente natural. Porque en este orden, la causa total de la obra es nues-tro esfuerzo, y como el efecto no puede tener mas virtualidad que la que recibe de su causa, la. obra realizada no puede tener más virtualidad ni mayor eficacia que el esfuerzo con que la hemos realizado. En el orden sobrenatural cambia el aspecto de la cuestión. Y no es que en este orden deje de ser verdadero aquel principio filosófico de que el efecto no puede exceder la virtualidad de su causa sino porque interviene aquí un agente nuevo, que suma su acción a la nuestra: Dios. Y entonces el mérito y la importancia de la obra ya no hay que medirla por nuestro esfuerzo, ni mucho menos por su realidad física, sino por la virtualidad que Dios quiera comunicarla. Los cincuenta céntimos de la viuda pobre del evangelio fueron considerados como más meritorios que las enormes cantidades de los que tenía mayor poder adquisitivo que el de la pobrecita viuda, llena de amor generoso.

9. ¿Obras grandes u obras pequeñas? ¿Qué más le da a Dios?. Dios no necesita de nuestras obras, sino nuestro amor. El no necesita nada. El no necesita carne de toros ni sangre de cabritos. Las fieras y las aves son suyas. Cada obra producirá el efecto que él quiera. sin que lo estorbe ni la insignificancia del instrumento, ni la adversidad de las circunstancias, ni la mala voluntad de los hombres. El euro del pobre depositado en el tesoro público queda potenciado por esa riqueza. Sumado el amor de la persona humana que levanta un sobre del suelo por amor; mejor dicho, absorbido este pequeño esfuerzo del niño, o del adulto, hecho niño evangélico, en el océano siempre activo de la omnipotencia divina, adquiere valor infinito. Hemos de aprender con divina intuición, que el valor de nuestras obras se cifra en el amor con que las produzcamos, en el cariño al Señor que les infundamos. Por lo demás, ¡cómo sabe agradecer el Señor el trabajo, aunque sólo sea hecho a la sombra y en tiempos más fáciles, aunque sean breves, como la rapidez de una mirada, como nos describe la parábola de los trabajadores de la viña!

10. “Somos una gotita de rocío”. Así se lo enseñaba Santa Teresita a su her-mana Celina: “Somos como una gotita de rocio que se oculta en el cáliz de la flor de los campos. Desconocidas de todos. no debemos envidiar ni siquiera al claro arroyuelo que serpentea por la pradera. Es verdad que su murmullo es muy dulce; pero, además de que por eso mismo no pue-de permanecer oculto, el arroyuelo no cabe en el cáliz de la Flor de los campos... ¿Es necesario ser tan pequeño para poder acercarse a Jesús...? Es más útil el arroyuelo que la gota de rocío, la cual no sirve más que para refrescar un instante la frá-gil corola de una flor silvestre. Esto es ignorar la causa del mérito de las obras. Jesús no tiene necesidad de nuestras obras brillantes ni de nuestros pensamien-tos sublimes; si él quisiera concepciones elevadas, ¿no tiene sus ángeles, cuya ciencia sobrepasa infi-nitamente la de los más grandes genios de este mundo? No es, pues, ni la grandiosidad de las obras ni los talentos lo que Jesús quiere y aprecia. No pide más que una gotita de rocío que durante la noche de esta vida permanezca oculta en Él, en el cáliz de la Flor de los campos”.

11. Sublime concepción del valor real de las obras de los hombres. Sublime y consoladora.

Por-que, ¿qué seria de tantas pobres criaturas imposibilitadas para realizar obras brillantes, que tienen que pasarse la vida tendidas en su cama, o envueltas en la oscuridad de un oficio ingrato y repugnante? Si el mérito de las obras se basara en las apariencias brillantes, Dios habría sido in-justo. Infinidad de criaturas estarían condenadas a la desesperación. Pero Santa Teresita pone una con-dición para que las obras más insignificantes ten-gan ese mérito: el que estén hechas en Cristo, con Cristo y por Cristo. “Sin Mí no podéis hacer nada”. Sin Dios las acciones humanas valdrán sólo lo que tengan de apariencia; porque como la razón de ese otro mérito es Dios, si se prescinde de Él, la obra se quedará en su raquítico valor natural. Y eso ¿para qué lo quiere Dios? En cambio, la obra realizada por Dios y para Dios, por muy insignificante que sea en el orden na-tural, unida a la virtualidad de Dios, tiene toda la dignidad y toda la trascendencia de una obra de Dios. Esa trascendencia no llegará a aparecer nunca a los ojos de los hombres en esta vida; pero algún día se manifestará, y entonces ve-remos cómo los grandes acontecimientos sociales, los grandes descubrimientos e inventos han sido causados por una multitud de obras de almas pequeñas, más que por las grandes hazañas de los héroes, y de los científicos, de los grandes estrategas y de los descubridores. Incluso en el orden físico, un ascua ardiente es capaz de producir un incendio voraz. ¿No estará el secreto de la esterilidad de tantos actos multiplicados en la escasez de ascuas de amor?

JESÚS MARTÍ BALLESTER


Gracias a http://www.mercaba.org/FIESTAS/10-01_TERESA_LISSIEUX.htm
mas información en este mismo enlace.

THERESE (LA PELÍCULA)

THERESE - LA PELÍCULA
HAZ CLICK EN LA FOTO PARA IR A LA WEB OFICIAL DE LA PELÍCULA SOBRE SANTA TERESA DE LISIEUX



Gracias a http://www.corazones.org/santos/teresita_lisieux.htm


OTROS ENLACES DE INTERNET

http://www.carmelitasdescalzas.net/misticos/Lisieux/gracias.htm
http://www.teresadelisieux.com/


SU VIDA Y OBRA



VIDA Y OBRA
1º de Octubre

La Iglesia le dedica este día para que la conozcamos y tratemos de imitar sus virtudes de delicadeza y pefección en las cosas pequeñas.

Hay dos santas con el mismo nombre: Santa Teresita del Niño Jesús o de Lisieux y Santa Teresa de Ávila (15 de Octubre). Ambas fueron monjas carmelitas, nos dejaron una autobiografía y son santas doctoras de la Iglesia.

María Francisca Teresa nació el 2 de Enero de 1873 en Francia. Hija de un relojero y una costurera de Alençon. Tuvo una infancia feliz y ordinaria, llena de buenos ejemplos. Teresita era viva e impresionable, pero no particularmente devota.

En 1877, cuando Teresita tenía cuatro años, murió su madre. Su padre vendió su relojería y se fue a vivir a Lisieux donde sus hijas estarían bajo el ciudado de su tía, la Sra. Guerin, que era una mujer excelente. Santa Teresita era la preferida de su padre. Sus hermanas eran María, Paulina y Celina. La que dirigía la casa era María y Paulina que era la mayor se encargaba de la educación religiosa de sus hermanas. Les leía mucho en el invierno.

Cuando Teresita tenía 9 años, Paulina ingresó al convento de las carmelitas. Desde entonces, Teresita se sintió inclinada a seguirla por ese camino. Era una niña afable y sensible y la religión ocupaba una parte muy importante de su vida.

Cuando Teresita tenía catorce años, su hermana María se fue al convento de las carmelitas igual que Paulina. La Navidad de ese año, tuvo la expeirencia que ella llamó su “conversión”. Dice ella que apenas a una hora de nacido el Niño Jesús, inundó la oscuridad de su alma con ríos de luz. Decía que Dios se había hecho débil y pequeño por amor a ella para hacerla fuerte y valiente.
Al año siguiente, Teresita le pidió permiso a su padre para entrar al convento de las carmelitas y él dijo que sí. Las monjas del convento y el obispo de Bayeux opinaron que era muy joven y que debía esperar.

Algunos meses más tarde fueron a Roma en una peregrinación por el jubileo sacerdotal del Papa León XIII. Al arrodillarse frenta al Papa para recibir su bendición, rompió el silencio y le pidió si podía entrar en el convento a los quince años. El Papa quedó impresionado por su aspecto y modales y le dijo que si era la voluntad de Dios así sería

Teresita rezó mucho en todos los santuarios de la peregrinación y con el apoyo del Papa, logró entrar en el Carmelo en Abril de 1888. Al entrar al convento, la maestra de novicias dijo; “ Desde su entrada en la orden, su porte tenía una dignidad poco común de su edad, que sorprendió a todas las religiosas.” Profesó como religiosa el 8 de Septiembre de 1890. Su deseo era llegar a la cumbre del monte del amor.

Teresita cumplió con las reglas y deberes de los carmelitas. Oraba con un inmenso fervor por los sacerdotes y los misioneros. Debido a esto, fue nombrada después de su muerte, con el título de patrona de las misiones, aunque nunca habia salido de su convento.

Se sometió a todas las austeridades de la orden, menos al ayuno, ya que era delicada de salud y sus superiores se lo impidieron. Entre las penitencias corporales, la más dura para ella era el frío del invierno en el convento. Pero ella decía “Quería Jesús concederme el martirio del corazón o el martirio de la carne; preferiría que me concediera ambos.” Y un día pudo exclamar “He llegado a un punto en el que me es imposible sufrir, porque todo sufrimiento es dulce.”

En 1893, a los veinte años, la hermana Teresa fue nombrada asistente de la maestra de novicias. Prácticamente ella era la maestra de novicias, aunque no tuviera el título. Con respecto a esta labor, decía ella que hacer el bien sin la ayuda de Dios era tan imposible como hacer que el sol brille a media noche.

Su padre enfermó perdiendo el uso de la razón a causa de dos ataques de parálisis. Celina, su hermana, se encargó de cuidarlo. Fueron unos año difíciles para las hijas. Al morir el padre, Celina ingresó al convento con sus hermanas.

En este mismo año, Teresita se enfermó de tuberculosis. Quería ir a una misión en Indochina pero su salud no se lo permitió. Sufrió mucho los últimos 18 meses de su vida. Fue un período de sufrimiento corporal y de pruebas espirituales. En junio de 1897 fue trasladada a la enfermería del convento de la que no volvió a salir. A partir de agosto ya no podía recibir la Comunión debido a su enfermedad y murió el 30 de Septiembre de ese año. Fue beatificada en 1923 y canonizada en 1925. Se le presenta como una monja carmelita con un crucifijo y rosas en los brazos. Ella decía que después de su muerte derramaría una lluvia de rosas.
El culto a esta santa comenzó a crecer con rapidez. Los milagros hechos gracias a su intercesión atrajeron a atención de los cristianos del mundo entero.

Escribió el libro “Historia de un alma” que es una autobiografía. Escribe frases preciosas como éstas en ese libro: “Para mí, orar consiste en elevar el corazón, en levantar los ojos al cielo, en manifestar mi graitud y mi amor lo mismo en el gozo que en la prueba.”; “Te ruego que poses tus divinos ojos sobre un gran número de almas pequeñas.” Teresita se contaba a sí misma entre las almas pequeñas, decía “Yo soy un alma minúscula, que sólo puede ofrecer pequeñeces a nuestro Señor.”

¿Qué nos enseña Santa Teresita?

Nos enseña un camino para llegar a Dios: la sencillez de alma. Hacer por amor a Dios nuestras labores de todos los días. Tener detalles de amor con los que nos rodean. Esta es la “grandeza” de Santa Teresita. Decía: “Quiero pasar mi cielo haciendo el bien en la tierra.”El secreto es reconocer nuestra pequeñez ante Dios, nuestro Padre. Tener una actitud de niño al amar a Dios, es decir, amarlo con simplicidad, con confianza absoltua, con humildad sirvendo a los demás. Esto es a lo que ella llama su “caminito”. Es el camino de la infancia espiritual, un camino de confianza y entrega absoluta a Dios.

Nos enseña a servir a los demás con amor y perfección viendo en ellos a Jesús. Toda su vida fue de servicio a los demás. Ser mejores cada día con los demás en los detalles de todos los días.

Nos enseña a tener paciencia ante las dificultades de la vida. Su enfermedad requi-rió de mucha paciencia y aceptación. Sólo estando cerca de Dios el sufrimiento se hace dulce.

Nos enseña a tener sentido del humor ante lo inevitable. Dicen que durante la meditación en el convento, una de las hermanas agitaba su rosario y esto irritaba a Santa Teresita. Decidió entonces en lugar de tratar de no oir nada, escuchar este ruido como si fuera una música preciosa. En nuestras vidas hay situaciones o acciones de los demás que nos molestan y que no podemos evitar. Debemos aprender a reirnos de éstas, a disfrutarlas por que nos dan la oportunidad de ofrecer algo a Dios.

Nos enseña que podemos vivir nuestro cielo en la tierra haciendo el bien a los que nos rodean. Actuar con bondad siempre, buscando lo mejor para los demás. Esta es una manera de alcanzar el cielo.

Nos enseña a ser sencillos como niños para llegar a Dios. Orar con confianza, con simplicidad. Sentirnos pequeños ante Dios nuestro Padre. 


SUS OBRAS COMPLETAS

HISTORIA DE UN ALMA (autobiografía)
POEMAS
ORACIONES
CARTAS
ESCRITOS VARIOS
ÚLTIMAS CONVERSACIONES


Gracias a misioneros de la palabra


San Jerónimo
Santos Ángeles custodios