¿Es bíblica la confesión?
¿Es bíblica la confesión?
Por Francisco Javier Madueño,
"¡Feliz el que ha sido absuelto de su
pecado y liberado de su falta! ¡Feliz el hombre a quien el Señor
no le tiene en cuenta las culpas, y en cuyo espíritu no hay doblez! Pero
yo reconocí mi pecado, no te escondí mi culpa, pensando:
"Confesaré mis faltas al Señor". ¡Y tú
perdonaste mi culpa y mi pecado! Tú eres mi refugio, tú me libras
de los peligros y me colmas con la alegría de la salvación.
¡Alégrense en el Señor, regocíjense los justos!
¡Canten jubilosos los rectos de corazón!"
En primer lugar, por la Biblia vemos que Dios es un Dios que perdona nuestros
pecados, y que sólo Dios perdona los pecados. Esta es una
enseñanza de la Iglesia Católica, con un fuerte antecedente en el
Antiguo Testamento y aun más fuerte evidencia de su práctica en
el Nuevo Testamento. La confesión ha sido parte de la vida de la Iglesia
Católica durante ya veinte siglos. Ver el Catecismo de la Iglesia
Católica, 1441.
En segundo
lugar, el perdón de los pecados depende hoy de Jesucristo nuestro
Señor, por cuya sangre derramada se nos limpia de todo pecado. El
pagó nuestra deuda. Todo esto también está de acuerdo con
la Biblia. Y lo cree la Iglesia Católica, y así lo enseña
desde siempre. No depende solamente de Cristo, a pesar de la oposición y
objeciones que algunos pudieran tener.
Esto es un
hecho. ¿Crees que estoy siendo sincero hasta aquí? Pues sigamos.
Sabiendo que sólo Dios perdona pecados, y sólo por Cristo nos
llega el perdón, hay que ver un tercer punto: ¿Cómo
perdona Dios esos pecados nuestros? ¿Cuál es la forma en que nos
aplicamos los beneficios de la sangre de Cristo que nos purifica de todos
nuestros pecados? ¿Por medio de una oración de arrepentimiento?
¿Por medio de acudir a un llamado al altar en una iglesia?
¿Citando Juan 3, 16 de memoria? Honestamente—miremos
bien—porque en la Biblia está la solución a esta pregunta.
Antes de
seguir, es necesario dejar claro que Dios podría no haber ordenado
ningún procedimiento para que los cristianos obtuviéramos el
perdón de los pecados. Pero por la Biblia vemos que esto no ha sido
así, y que Dios si ha establecido un procedimiento para obtener el
perdón.
El
apóstol Pablo dice por ejemplo en Hechos 22, 16: "Ahora, pues,
¿Por qué te detienes? Levántate, bautízate y lava
tus pecados invocando su nombre." El apóstol Pedro dice en Hechos
2, 38: "Arrepentíos y bautícese cada uno de vosotros para
perdón de los pecados." Se ve en estos pasajes que la Iglesia desde
el principio asocia el perdón de los pecados al Bautismo.
Aquí
tenemos que ser totalmente honestos y creer que lo que dice la Escritura es
cierto: “bautízate y lava tus pecados”, “bautismo para
perdón de los pecados”. ¿Pero… qué ocurre
después de nuestro bautismo, cuando pecamos nuevamente? Ya lo dice la
Biblia, y concretamente el apóstol Juan en 1 Juan 1, 8-10: "El que
dice que no tiene pecado, se miente a sí mismo y a Dios lo hace
mentiroso." Si estás de acuerdo conmigo en que después de
haber creído en Cristo, y después de haber sido bautizados,
pecamos, estarás de acuerdo conmigo que debe existir un remedio para
estos pecados. Volvemos al principio.
El remedio
es Dios, quien nos perdona en Cristo por Su sangre. Aquí surge la
pregunta: ¿Cómo nos aplicamos ese perdón? ¿Decimos
simplemente… "Gracias Señor porque tu nos perdonas
siempre"? Bueno, esta frase es cierta, pero yo no estaba seguro que esto
fuera exactamente lo que Dios quería de mí. Sobre todo al leer
este pasaje de la Biblia: "Si confesamos nuestros pecados, el es fiel y
justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad." (1 Juan
1) Este versículo es claro por sí mismo. Se requiere una
acción por nuestra parte. Esta acción requerida es la
confesión de nuestros pecados, para lo cual tenemos la garantía
de que Dios nos perdona y nos limpia siempre.
Qué
buena es la Palabra del Señor. De momento no hay nada que me impida ser
evangélico en esto, puesto que—cuando yo era
evangélico—pedía perdón directamente a Dios, y
sabía que El me perdonaba. Pero la Biblia contiene más de un
versículo. Si amas la Palabra, lo quieres todo, y no te conformas con
una parte, aunque ésta sea buena. Ese versículo dice que
confesemos los pecados, pero no dice, que confesemos directamente a Dios.
Sólo dice que Dios nos perdona y nos limpia cuando confesamos.
Luego hay
que considerar otro versículo de Juan un poco después, que dice
que si pecamos tenemos un abogado ante el Padre: Jesucristo (1 Juan 2, 1-2).
Este versículo tampoco aclara el método de la confesión de
los pecados. No dice si hay que confesar a Dios directamente. Juan aclara, una
vez que sabemos que sólo Dios perdona nuestros pecados y nos limpia,
dice después, que Cristo es nuestro abogado, es decir, nuestro defensor
ante el Padre.
Necesitamos
seguir indagando en la Biblia con sinceridad y el corazón dispuesto y el
Espíritu abierto. Siempre hay que estar atentos a lo que Dios nos dice
en su Palabra, para aprender algo más. Dios ha dispuesto para su Iglesia
un sacramento específico para la confesión y perdón de
nuestros pecados.
Hay un texto
del Antiguo Testamento que me parece interesante. Se encuentra en 2 Samuel 12,
7-10.
"Entonces
Natán dijo a David: "¡Ese hombre eres tú! Así
habla el Señor, el Dios de Israel: Yo te ungí rey de Israel y te
libré de las manos de Saúl; te entregué la casa de tu señor
y puse a sus mujeres en tus brazos; te di la casa de Israel y de Judá, y
por si esto fuera poco, añadiría otro tanto y aún
más. ¿Por qué entonces has despreciado la palabra del
Señor, haciendo lo que es malo a sus ojos? ¡Tú has matado
al filo de la espada a Urías, el hitita! Has tomado por esposa a su
mujer, y a él lo has hecho morir bajo la espada de los amonitas. Por
eso, la espada nunca más se apartará de tu casa, ya que me has
despreciado y has tomado por esposa a la mujer de Urías, el hitita.
David dijo a Natán: "¡He pecado contra el Señor!".
Natán le respondió: "El Señor, por su parte, ha
borrado tu pecado: no morirás."
El Rey David
había pecado, y el profeta Natán se lo hace ver. David reconoce
su pecado, y Natán le dice en el nombre del Señor, que su pecado
ha sido borrado. Por boca de un hombre, David recibe el anuncio de que ha sido
absuelto y perdonado por Dios.
El Salmo 32
nos dice: "De David. Poema. ¡Feliz el que ha sido absuelto de su
pecado y liberado de su falta! ¡Feliz el hombre a quien el Señor
no le tiene en cuenta las culpas, y en cuyo espíritu no hay doblez! Pero
yo reconocí mi pecado, no te escondí mi culpa, pensando:
"Confesaré mis faltas al Señor". ¡Y tú
perdonaste mi culpa y mi pecado! Tú eres mi refugio, tú me libras
de los peligros y me colmas con la alegría de la salvación.
¡Alegraos en el Señor, regocijaos los justos! ¡Cantad
jubilosos los rectos de corazón!"
Ahora
volvamos de nuevo al Nuevo Testamento, que es donde Dios ha hablado
definitivamente por Cristo, Señor nuestro. En el Evangelio de Marcos,
capítulo segundo, Jesús iba a sanar a un paralítico.
Jesús dijo al paralítico: "Hijo, tus pecados son
perdonados." A los escribas que contemplaban la
escena atónitos, les pareció una blasfemia que un hombre
pudiera decir a otro hombre: "Te perdono tus pecados." Sin embargo
Jesús, no solamente es Hombre verdadero, también es Dios
verdadero. Jesús les recrimina su pensamiento, y les deja claro que el,
como Hijo del Hombre, tiene potestad para perdonar pecados. (Marcos 2, 10) Esto
lo hizo Jesús muchas veces, según narran los evangelios.
Ahora bien,
hasta aquí se podría argumentar que cuando Juan habla de que
confesemos los pecados en el pasaje que hemos visto antes, está
queriendo decir que lo confesemos directamente a Dios, y por Cristo se nos
perdona, y ya está.
El Evangelio
de Juan relata un hecho relevante, Jesús, que tiene poder de perdonar
pecados, dice a sus discípulos después de resucitar: "¡Paz
a vosotros! Como me envió el Padre, así también yo os
envío. Y al decir esto, sopló y les dijo: “Recibid el
Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les serán
perdonados, y a quienes se los retengáis les quedaran retenidos."
(Juan 20, 21-23) Este versículo no puede ser ignorado, ni tampoco se le
puede dar un significado que no tiene. En él vemos que Aquel que tiene
poder de perdonar pecados, envía y manda a sus apóstoles a hacer
lo mismo, dándoles autoridad de perdonar o de no perdonar. Yo no
encontré que esto se estuviera cumpliendo en las iglesias
evangélicas. No me encajaba.
Había
entendido que como dice el Señor, “no debemos pecar”. Pero
como dice el apóstol Juan, si pecamos, tenemos que confesar nuestros
pecados. Lo que no veía por ningún lado es que el método
para confesar los pecados, faltaba en las iglesias evangélicas, y era
todo muy subjetivo. Todo se centraba en reconocerse uno pecador y en clamar al
cielo y dar gracias por que Jesucristo nos limpia, y confiar en que eso es
así, pero como no tienes que confesar los pecados a nadie, excepto
directamente a Dios, entonces el examen de conciencia no es tan necesario.
Y eso
resulta en un problema para el crecimiento espiritual porque esa
práctica no está totalmente fundamentada en la Palabra de Dios.
La Biblia dice claramente que los Apóstoles recibieron poder de perdonar
los pecados. Y la pregunta es: ¿De qué te van a perdonar, si no
confiesas los pecados que has cometido? Y no puede bastar con decir, “soy
pecador”, sino que para que alguien te perdone, tiene que saber de
qué tiene que perdonarte. Ese es el origen de la confesión ante
el sacerdote. La Confesión Sacramental es totalmente bíblica.
Ahora todo
se ve claro. Juan dice que si pecamos, que confesemos lo que hemos hecho, y que
Dios nos perdona. Y Juan también escribe que el poder de perdonar se lo
da Jesús a sus Apóstoles, es decir que en la Iglesia existe ese
poder, y alguien lo tiene que ejercer. Estos son los sucesores de los
apóstoles, que son hoy los Obispos y los Presbíteros
(sacerdotes).
Si en tu
Iglesia no existe ese poder, entonces tu iglesia tiene un serio problema.
Sabiendo esto, no puedes permanecer quieto, como si todo diera igual. El asunto
de la salvación es cosa seria. A Cristo le costó toda su sangre.
Al tiempo de
mi conversión, ya empezaba a ver que después del bautismo, la
única forma segura de que Dios perdone tus pecados, es
confesándolos a quien tiene el poder de perdonarte en el Nombre de
Jesús. Al tiempo encontré que esto se realiza en la Iglesia
Católica desde el principio. Leí Hechos 19, 18 y tuve aún más
argumentos. Allí dice:
"Aquellos
que habían creído, venían confesando y dando cuenta de sus
hechos."— RVA "
Muchos de
los que habían creído, venían a confesar y declarar
públicamente sus prácticas."—Biblia de
Jerusalén.
Esos hechos
o prácticas que confesaban eran sus pecados de practicar la magia y la
superstición, y las confesaban delante del apóstol Pablo. La
Iglesia Católica ha hecho esto desde el principio. Se confiesan los
pecados ante un representante de Dios, en este caso el Sacerdote, y luego Dios
te perdona. Al leer al apóstol Santiago, lo vi más claro aun. En
el capítulo cinco, Santiago explica como los enfermos pueden llamar a
los Ancianos de la Iglesia. Debo aclarar que Anciano, Presbítero y
Sacerdote son términos que significan lo mismo. El punto aquí, es
que hay una figura en la Iglesia que unge a los enfermos con aceite el Nombre
del Señor y si ha cometido pecados, les serán perdonados. (Este
es el Sacramento Católico de la Unción de Enfermos), y a
continuación dice: "Confesaos vuestras ofensas unos a otros y
orad unos por otros para que seáis curados."—Carta de
Santiago 5, 16
La
versión católica dice “pecados”, pero es lo mismo ya
que el pecado es una ofensa, sin embargo al emplear la palabra ofensa puede dar
lugar a la confusión, eso ocurre ocasionalmente en las iglesias
evangélicas. No podemos desligar este versículo de lo que ya
hemos visto antes. Todo pecado es, primeramente una ofensa contra Dios. Por lo
tanto no se puede tomar este tema ligeramente o hacer lo que uno le parece. Es
necesario que revisemos cuidadosamente nuestras acciones. Santiago habla de
confesar nuestros pecados a otro (unos a otros), y en la escena vemos a un
ministro de la Iglesia, que es el Anciano o Presbítero (Sacerdote), y la
figura de un pecador en el enfermo que llama a los Ancianos de la Iglesia.
Antes, Juan había dicho que si pecamos, confesemos, y seremos limpios, y
el Señor había dado el poder de perdonar a sus Apóstoles,
y los pecadores convertidos en Hechos 19, iban a confesar sus pecados ante
Pablo. Aquí se puede ver con claridad una secuencia de acciones.
Es claro
que, para interpretar la Biblia, es necesario usar más de un
versículo, hay que ver el contexto, y hay que aplicar honestamente lo
que aprendemos. Liberarse del prejuicio es muy importante. Dios no aprueba los
prejuicios.
Tampoco
podemos guiarnos por nuestros gustos. Si a mí no me gusta confesar mis
pecados ante un hombre, o no me parece bien; eso no significa que no deba
hacerse. Yo no soy Dios y mis gustos y pareceres no son mandamientos divinos y
no pueden salvarme.
No es lo que
nos parece a nosotros lo que va a valer para nuestra salvación: lo que
importa es el parecer de Dios. La Biblia afirma con claridad el Sacramento de
la Confesión.
