Acerca de mi Contacto

La BIBLIA

¿Sólo la Biblia basta?

¿Prohibió la Iglesia leer la Biblia?

Un día en un foro protestante alguién lanzó la acusación de que la Biblia era sólo para la lectura de los sacerdotes al principio y que el pueblo cristiano era impedido de leerla. ¿Que hay que decir a esto?

1º La imprenta no fue inventada hasta 1436, así que la idea de que cada persona pudiera tener acceso directo a "una Biblia", como la conocemos hoy es algo imposible de haberse cumplido.

2º La Vulgata en latín estaba disponible siempre para todo el que quisiera leerla sin ninguna clase de restricción. Algunos evangélicos dirían que estaba restringida por el idioma y era utilizable únicamente por quienes pudieran leer el latín. Sin embargo, en el siglo XVI no había escuelas públicas y la educación no era accesible a todos no era común especialmente entre los campesinos. Quienes podían leer era porque habían sido educados y eran capaces de leer en Latín.

3º Todo el que quisiera leer la Biblia o escuchar la predicación y la enseñanza de las Sagradas Escrituras, debía hacer y hoy también lo que dice la Biblia por ejemplo:

Los que enseñan lo hacen en el nombre de Cristo-Cabeza-Iglesia, los envía la Iglesia (Cuerpo), y los autoriza y reconoce la Iglesia (Leer Hechos 8:26-33)

“No dejando de congregarnos como algunos tienen por costumbre”…(Hebreos 10:25)

“Obedeced a vuestros pastores y sujetaos a ellos” (Hebreos 13:17)



3º Las Sagradas Escrituras no pueden interpretarse en privado excluyendo la explicación y la enseñanza de la Iglesia.

En el cuerpo de Cristo que es la Iglesia existen personas (ministerios) designados precisamente para EXPLICAR las Escrituras, porque hay precisamente algunas cosas difíciles de entender si no se tiene la preparación adecuada.

Entre las cuales hay algunas difíciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen (como también las otras Escrituras) para su propia perdición. (2 Pedro 3:15)



En aquel tiempo lejano, sólo era cuestión de que el interesado, si no podía entender, preguntara al que ha sido designado para enseñar. Lo hacemos hasta cuando vamos al colegio. Si no entiendes algo, lo preguntas. Entonces no habían las facilidades de hoy, como internet, etc, para poder investigar por tu cuenta.





EN NUESTROS DIAS

El Concilio Vaticano II en la Constitución Dei Verbum publicada en 1965:

[B]"se exhorta especialmente a todos los cristianos a que aprendan el sublime conocimiento de Jesucristo con la lectura frecuente de las Divinas Escrituras. Ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo. Acérquense gustosamente al sagrado texto (...) para que los hijos de la Iglesia se familiaricen sin peligro y fructuosamente con las Sagradas Escrituras y se compenetren de su espíritu" (Dei Verbum 25)[/B]



Gracias a Dios y al que inventó la imprenta, yo hoy tengo y puedo leer la Biblia, y además puedo oir la predicación de la palabra en mi propia lengua. Ahora bien, también doy gracias a Dios porque me explica las Escrituras.





Si aún alguno duda del valor que siempre ha dado la Iglesia a las Escrituras Sagradas, lea:

Siglo I

«Vosotros amados, sabéis bien las Sagradas Escrituras; tenéis un profundo conocimiento de la Palabra de Dios. Guardarlas para acordaros de ellas (San Clemente, 4º sucesor de Pedro)

Siglo II

«Leed con mayor empeño el Evangelio que nos ha sido transmitido por los apóstoles» (San Ireneo, Obispo y Doctor de la Iglesia)

Siglo III

«El cristiano que tiene fe se dedica a la lectura de las Sagradas Escrituras» (San Cipriano de Cartago, Obispo y Mártir)

Siglo IV

«No deje nuestra alma de dedicarse a la lectura de las Letras Sagradas, a la meditación y a la oración, para que la Palabra de Aquel que está presente, sea siempre eficaz en nosotros» (San Ambrosio de Milán, Obispo y Doctor)

Siglo V

«Cultivemos nuestra inteligencia mediante la lectura de los Libros Santos: que nuestra alma encuentre allí su alimento de cada día…¿Cómo podríamos vivir sin la ciencia de las Escrituras, a través de las cuales se aprende a conocer a Cristo que es la vida de los fieles?....Nos alimentamos con la Carne de Cristo y bebemos su Sangre no solamente en el Misterio de la Misa, sino también leyendo las Escrituras» (San Jerónimo, Doctor de la Iglesia)

Siglo VI

«¿Qué página o que sentencias hay en el Antiguo y Nuevo Testamento, que no sean una perfectísima norma de la vida humana» (San Benito de Nursia, fundador de la Orden Benedictina)

Siglo VII

«Pues habíendote enviado el Emperador del Cielo,y el Señor de los hombres y de los ángeles sus cartas, en las que se trata de tu propia vida, ¿cómo te descuidas de leerlas y no manifiestas ardor y prontitud en saber lo que en ellas se contiene? Por lo cual, te encargo que te apliques a ese estudio con la mayor afición y que medites cada día las palabras de tu Creador. Aprende por la Palabra de Dios cuál es para contigo el corazón de Dios» (San Gregorio Magno, Papa y Doctor de la Iglesia)

Siglo VIII

«Te ruego encarecidamente que te dediques en primer lugar a la lectura de los Libros Sagrados, en los cuales creemos encontrar la vida eterna» (San Beda, Doctor de la Iglesia)

Siglo IX

«Exhorta a los fieles al descanso dominical para que el cristiana pueda dedicarse a la oración y ocuparse de la Sagrada Escritura» (San Nicolás, Papa)

Siglo XI

«Siempre dedícate a la lectura de la Sagrada Escritura. A esto entrégate enteramente y persevera y vive con ella» (San Pedro Damián, Cardenal y Doctor de la Iglesia)

Siglo XII

«Tenemos necesidad de leer la Sagrada Escritura, puesto que por ella aprendemos lo que debemos hacer, lo que hay que dejar y lo que es de apetecer» (San Bernardo, Doctor de la Iglesia)

Siglo XIII

«Siendo probado, como lo es, que la ignorancia de la Escritura ha originado muchos errores, todos tienen que leerla o escucharla (Gregorio IX, Papa)

Siglo XIV

«Esta es la Escritura llamada por vosotros Biblia, pero nosotros los bienaventurados la llamamos sol más resplandeciente que el oro que fructifica como la semilla que da ciento por uno» (Santa Brígida)

Siglo XV

«Así me diste, oh Señor, como a enfermo, tu sagrado Cuerpo para recreación del ánima y del cuerpo, y pusiste para guiar mis pasos una candela que es tu Palabra. Sin estas dos cosas ya no podría yo vivir bien, porque la Palabra de tu boca, luz es de mi alma, y tu Sacramento es pan de vida (Tomás de Kempis)

Siglo XVI

«Todo hombre peca…si estima más las ciencias profanas que las divinas, y lee más los libros mundanos que los sagrados. Más aún: no comprendo cómo éstos pueden amar sobre todas las cosas a Dios que inspiró tan saludables libros. Aunque no quiero obligar a nadie a leerlos, tampoco puedo eximir a todos de la lectura de la Sagrada Escritura (Adriano VI, Papa)

Siglo XVII

«De la misma manera que el apetito es una de las mejores pruebas de salud corporal, al gustar de la Palabra de Dios, que es un apetito espiritual, es también señal bastante segura de la salud espiritual del alma» (San Francisco de Sales)

Siglo XVIII

«Es muy loable tu prudencia, con la que has querido excitar en gran manera a los fieles a la lectura de las Santas Escrituras, por ser ellas fuentes que deben estar abiertas para todos, a fin de que puedan sacar de allí la santidad de las costumbres y de doctrina (Pío VI, Papa)

Siglo XIX

«Son muchos los testimonios de la más absoluta claridad que demuestran el singular empeño que los Romanos Pontífices y por mandato suyo los demás obispos de la cristiandad, han puesto en los últimos tiempos para los católicos de todos los países traten de posesionarse con afán de la palabra divina, tal como aparece en la Sagrada Escritura y en la Tradición » (Gregorio XVI, Papa)

Siglo XX

«Queriendo renovarlo todo en Jesucristo, nada deseamos más que el acostumbrarse nuestros hijos a tener la Sagrada Escritura para lectura cotidiana. Por ella pueden conocer mejor el modo de renovar todas las cosas en Jesucristo» (San Pío X, Papa)

«¿Quién no ve las ventajas y goces que reserva a los espíritus bien dispuestos la lectura piadosa de los Libros Santos?...Jamás cesaremos de exhortar a todos los cristianos a que hagan su lectura cotidiana de la Biblia (Benedicto XV, Papa)

«Fuera del Santo Evangelio, no hay otro libro que pueda hablar al alma con tanta luz de verdad, con tanta fuerza de ejemplos y con tanta cordialidad» (Pio XI, Papa)

«De poco aprovecha el pan de la Eucaristía si primero no nos alimentamos bien con el pan de la Palabra« (el Párroco de mi barrio)