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2. ¿Dió el Señor a Pedro las llaves?

Jesús confia a Pedro una misión única

En el colegio de los Doce, Simón Pedro ocupa el primer lugar. (Cf. Mc 3, 16; 9, 2; Lc 24,34; 1 Co 15, 5) Jesús le confía una misión única. Gracias a una
revelación del Padre, Pedro había confesado: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo» (Mt 16, 16).
Entonces nuestro Señor le declaró: «Tú eres Pedro, ysobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella» (Mt 16, 18)
Cristo, «Piedra viva» (Cf 1 P 2, 4), asegura a su Iglesia, edificada sobre Pedro, la victoria sobre los poderes de la muerte. Pedro, a causa de la fe confesada por él, será la roca inquebrantable de la Iglesia. Tendrá la misión de custodiar esta fe ante todo desfallecimiento y de confirmar en ella a sus hermanos. (Cf. Lc 22, 32)

Jesús no llamó a Simón, Pedro por casualidad
El Señor cambió el nombre uno de sus apóstoles, al cual llamó Cefas, es decir PEDRO (S.Juan 1:32). No es la primera vez que vemos en la Biblia como Dios
cambia el nombre a alguien para remarcar su nueva situación, por ejemplo: Abraham
= Padre de muchas naciones (Gen 17,5); Israel = Fuerza de Dios (Gen 32,28); Jesús
= Salvador (Mt 1,21)
¿Y cuál será la misión de Pedro? Ser la roca visible sobre la cual Jesús fundará su
Iglesia. De hecho Cefas quiere decir piedra, roca, peña.
Tú eres Pedro (= Cefas)
y sobre esta piedra (= Cefas)
edificaré mi Iglesia (Mt 16,18).
¿Y por qué Jesús le pone este nombre a Simón y no le pone otro?
Porque Jesús es la roca (1Pe 2,8; Rom 9,33) o piedra angular (Ef 2,20), que está a la
base de la Iglesia. Pues bien, cuando Jesús se vaya de este mundo, quiere que Pedro
tome su lugar, como piedra que tenga unida toda la Iglesia, empezando por los
mismos apóstoles, que también son fundamento de la Iglesia.

Edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo Jesucristo

mismo la principal piedra angular (Ef 2,20).
El muro de la ciudad tenía doce cimientos, y sobre ellos había los doce nombres de
los doce apóstoles del Cordero (Ap 21,14).
Aunque cada uno de los doce apóstoles es cimiento de la Iglesia, entre ellos destaca
Pedro, que tiene el lugar de Cristo, la roca o piedra angular.
Además, siendo Pedro el jefe del Nuevo Pueblo de Dios, recibe el nombre de roca,
como Abraham (Is 51,1-2), el jefe del Antiguo Pueblo de Dios.
El mismo Jesús le entregó a Pedro toda autoridad.
Yo te daré las llaves del Reino de los cielos: todo lo que ates en la tierra será atado
en el cielo, y lo que desates en la tierra será desatado en los cielos (Mt 16,19).
Y lo hizo también pastor supremo del rebaño, con la misión de guiar y fortalecer a
los hermanos en la fe.
Después que comieron, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Juan, ¿me amas
más que éstos? Este contestó: Sí, Señor, tú sabes que te quiero. Jesús dijo:
Apacienta mis corderos.
Y le preguntó por segunda vez: Simón, hijo de Juan, ¿me amas? Pedro volvió a
contestar: Sí, Señor, tú sabes que te quiero. Jesús le dijo: Cuida mis ovejas.
Insistió Jesús por tercera vez: Simón, hijo de Juan, ¿me quieres? Pedro se puso
triste al ver que Jesús le preguntaba por tercera vez si lo quería. Le contestó:
Señor, tú sabes todo, tú sabes que te quiero. Entonces Jesús le dijo: Apacienta mis
ovejas (Jn 21,15-17).
Simón, mira que Satanás ha pedido permiso para sacudirlos a ustedes como se
hace con el trigo; pero yo he rogado por ti para que tu fe no se venga abajo.
Tú, entonces, cuando hayas vuelto, tendrás que fortalecer a tus hermanos (Lc
22,31-32).
De hecho San Pedro actuó siempre como jefe de los apóstoles y de toda la Iglesia
(Hech 2,14; 15,1-29; Gál 1,18; 2,2. 9-10, etc.).
En resumen, Cristo es «piedra», «pastor supremo del rebaño» y cuenta con «todo el
poder» que le da el Padre.
Al subir al cielo, quiere que otro tome su lugar para dirigir la Iglesia. Este es Simón,
a quien hace «piedra» (= Pedro), «pastor supremo del rebaño» y guía que actúa con
«toda autoridad».

Jesús ha confiado a Pedro una autoridad específica:
«A ti te daré las llaves del Reino de los cielos; y lo que ates en la tierra quedará
atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos (Mt
16,19)».
El poder de las
LLAVES designa la AUTORIDAD para gobernar la CASA DE
DIOS, que es la IGLESIA. Jesús, «El buén pastor» (Jn 10, 11), confirmó este
encargo después de su resurrección: «Apacienta mis ovejas» (Jn 21, 15-17).
El poder de «
ATAR Y DESATAR» significa la autoridad par absolver los pecados,
pronunciar sentencias doctrinales y tomar decisiones disciplinares en la Iglesia.
Jesús confió esta autoridad a la Iglesia por el ministerio de los Apóstoles (Mt 18, 18)
y particularmente por el de Pedro, el único a quién Él confió explícitamente las
llaves del Reino.