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5 · Fundamentos bíblicos de la Misa

FUNDAMENTOS BÍBLICOS DE LA MISA

Algunas de las objeciones de los hermanos no católicos contra la Misa es que esta no es bíblica y que no leemos la Palabra de Dios.

Bueno. Esto no es verdad, y a continuación se demostrará.

Para empezar, la Misa comienza con el saludo en el Nombre de la Trinidad, Padre-Hijo-Espíritu Santo, en consonancia con el mandato de Jesús de ir a predicar a todo el mundo en este nombre. (Mateo 28,19)

NOS REUNIMOS EN LA IGLESIA:



1Cor 11, 18.20:…al reuniros en Iglesia… Cuando os reunís, pues, en común, … y se está refiriendo a la celebración de la fracción del Pan, la Eucaristía.

-Como Pueblo de Dios 1Pe 2, 9 “para anunciar alabanzas de Aquel…”

--Como Cuerpo de Cristo 1Cor 12, 12 “…no forman más que un solo cuerpo, así también Cristo”

--Como Templo del Espíritu 1Pe 2, 5 “para ofrecer sacrificios espirituales aceptos a Dios por mediación de Jesucristo”

LA REUNIÓN ERA EL PRIMER DÍA DESPUÉS DEL SÁBADO



Según el concorde testimonio evangélico, la resurrección de Jesucristo de entre los muertos tuvo lugar «el primer día después del sábado» (Mc 16,2.9; Lc 24,1; Jn 20,1).

Aquel mismo día el Resucitado se manifestó a los dos discípulos de Emaús (cf. Lc 24, 13-35) y se apareció a los once Apóstoles reunidos (cf. Lc 24,36; Jn 20,19).

Ocho días después -como testimonia el Evangelio de Juan (cf. 20,26)- los discípulos estaban nuevamente reunidos cuando Jesús se les apareció y se hizo reconocer por Tomás, mostrándole las señales de la pasión. Era domingo el día de Pentecostés, primer día de la octava semana después de la pascua judía (cf. Hch 2,1), cuando con la efusión del Espíritu Santo se cumplió la promesa hecha por Jesús a los Apóstoles después de la resurrección (cf. Lc 24,49; Hch 1,4-5).

Fue el día del primer anuncio y de los primeros bautismos: Pedro proclamó a la multitud reunida que Cristo había resucitado y «los que acogieron su palabra fueron bautizados» (Hch 2,41).

Fue la epifanía de la Iglesia, manifestada como pueblo en el que se congregan en unidad, más allá de toda diversidad, los hijos de Dios dispersos.

El libro del Apocalipsis testimonia la costumbre de llamar a este primer día de la semana el «día del Señor» DIES DOMINI (Ap 1,10).

Los Apóstoles la tarde de Pascua, cuando el Resucitado se les manifestó estando reunidos (cf. Jn 20,19). Al volver Cristo entre ellos «ocho días más tarde» (Jn 20,26), se ve prefigurada en su origen la costumbre de la comunidad cristiana de reunirse cada octavo día, en el «día del Señor» o domingo, para profesar la fe en su resurrección y recoger los frutos de la bienaventuranza prometida por él.

EL SIGNO DE LA CRUZ



Marca en hebreo se dice TAU, y se escribía con dos trazos en cruz. El escribano de Ez 9, 4 marca con la TAU la frente a los fieles del Señor; era la marca en jambas y dinteles de las puertas, cuando por las vías de Egipto pasaba el exterminador cobrando tributo de primogénitos Ex 12, 23.

También se encuentra la señal de la cruz, tau, en referencia directa a Ezequiel, en Ap 7, 3.

EN NOMBRE DEL PADRE...



"En nombre de..." significa dedicación total, una cosagración. Rom 14, 7.8 es el sentido.

Recordamos que somos los bautizados en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

AMÉN



Ap 22, 21

NUESTRO SALUDO ES BÍBLICO



Como cristianos nos saludamos. pero con el saludo propio que, según el Nuevo Testamento se hacía ya en las primeras comunidades cristianas, no el saludo actual impersonal "de la calle".

EL SEÑOR ESTÉ CON VOSOTROS...

LA GRACIA DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO, EL AMOR DEL PADRE Y LA COMUNIÓN DEL ESPÍRITU SANTO, ESTÉ CON VOSOTROS...

LA PAZ ESTÉ CON VOSOTROS...


Lo encontramos en Rom 1, 7; Rom 15, 13; Rom 15, 33; 1Cor 1, 3; 1Cor 16, 23; 2Cor 1, 2; 2Cor 13, 13; Gal 1, 3; Gal 6, 18 junto con Fil 4, 23 -donde se encuentra la respuesta: "y con tu espíritu" porque el deseo es para nuestro espíritu; Ef 1, 2; Ef 6, 23-24; Fil 1, 2; Col 1, 2; Col 4, 18; 1Tes 1, 1; 1 Tes 5, 28; 2 Tes 1, 2; 2Tes 3, 16-18; 1Tim 1, 2; 1Tim 6, 21; 2Tim 1, 2; 2Tim 4, 22; Tito 1, 4; Tito 3, 15; Filemón 1, 3.25; 1Pe 1, 2; 1Pe 5, 5; 2Pe 1, 2; Jn 20, 19.21.26

Ante el saludo cristiano que hace el sacerdote, se responde "Y con tu espíritu" o "Bendito seas por siempre, Señor" o "Bendito sea Dios, Padre de Nuestro Señor Jesucristo"...

LITURGIA PENITENCIAL



Fieles a la Palabra de Dios escrita también ejercemos el ministerio de la reconciliación:

2Cor 5, 18, como si Dios exhortara por nuestro medio 2Cor 5, 19.

En las distintas fórmulas litúrgicas de la liturgia penitencial podemos encontrar los tres momentos bíblicos para la reconciliación:

1º. Acusación de parte de Dios e invitación al arrepentimiento.

**Es el Señor que nos invita a la conversión Salmo 50, 6.7.21
También en Jer 2, 5.8.13; Jer 3, 22.25

**La acusación ya no se refiere al decálogo del Sinaí, sino al Evangelio de Jesucristo, porque aquel no incluía las bienaventuranzas ni el perdón al enemigo, por ejemplo, al igual que mucho de los preceptos de la antigua alianza han sido transformados en profundidad. Así podemos descubrirlo en Mt 5, 21-48: “Antes se les dijo…ahora yo les digo…” No es Moisés nuestro mediador, sino Jesucristo 1Tim 2, 5: que nos “acusa” desde las bienaventuranzas y el Espíritu en nuestros corazones. De Él escuchamos la llamada “Convertíos y creed en el Evangelio” Mc 1, 15; Lc 13, 3

2º. Confesión.

“…reconozcamos nuestros pecados”
“…pidamos a Dios nos conceda la conversión”

“…Jesucristo intercede por nosotros, … nos reconcilia con el Padre”
“…que el Señor nos renueve interiormente…”


Ante la acusación de Dios no hay más que confesar la culpa y pedir perdón, no hay excusas, imputaciones o defensa válida. Lc 18, 13-14 "En cambio el publicano, manteniéndose a distancia, no se atrevía ni a alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: '¡Oh Dios! ¡Ten compasión de mí, que soy pecador!'"

¿ Dónde dice la Biblia que hay que confesar el pecado ?

Salmo 32, 5 “Propuse: Confesaré al Señor mi pecado”

Salmo 38, 5 “Mis culpas sobrepasan mi cabeza, son un peso superior a mis fuerzas.

Salmo 51, 3-5 “Por tu inmensa compasión, borra mi culpa. Lava del todo mi delito, limpia mi pecado, pues yo reconozco mi culpa, tengo siempre presente mi pecado.

Salmo 65, 4 “Nuestros delitos nos abruman, pero tú los perdonas”


Nuestra confesión es comunitaria:

Baruc 1, 15-3, 8; Daniel 9, Esdras 9, Nehemías 9.

"Confesaos, pues, mutuamente vuestros pecados y orad los unos por los otros..." Sant 5, 16



3º. El perdón.

Prestar un servicio es entonces, invitar a la conversión, reconocernos pecadores y recibir el perdón de Dios… por eso el sacerdote aquí no representa a Jesucristo o a Dios, sino que se incluye entre los pecadores… “Dios… tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna”… Es Jesucristo quien nos reconcilia con el Padre. Es Él quien intercede por nosotros. Por eso ejercemos el servicio de la reconciliación encomendado-2Cor 5, 18-.

"Somos pues, embajadores de Cristo, como si Dios exhortara por medio de nosotros. En nombre de Cristo suplicamos: ¡reconciliaos con Dios! ... Y como cooperadores suyos que somos, os exhortamos..."



¿ Y el "Yo confieso" ?

Yo confieso ante Dios todopoderoso Salmo 32, 5
y ante vosotros, hermanos Sant 5, 16
que he pecado mucho 1Jn 1, 8-10
de pensamiento, palabra, obra y omisión Dt 6, 5
por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa Salmo 51, 6-7 (golpes en el pecho=Lc 18, 13)
por eso ruego a santa María Virgen, a los ángeles, a los santos Ex 3, 6; Mt 22, 30-32; Jn 2, 5; Jn 19, 27
y a ustedes hermanos, que intercedáis (=Lc 16, 24)por mí ante Dios, nuestro Señor. Sant 5, 16

INVOCACIÓN 'SEÑOR, TEN PIEDAD'



La invocación Señor, ten piedad tiene su base en la Biblia entera, pues la Gracia de Dios es eso, Don, Gracia gratuita.


En el A.T. se utiliza el término hesed, hamal o hus que indica una actitud profunda de bondad, gracia y amor fruto de la fidelidad divina. El decir Señor ten piedad, significa pedir el Don y la Gracia de la Nueva Alianza… es como decir:

“Vuelve a hacer Alianza con nosotros, Señor”

“Que tu amor sea más fuerte que tu justicia”

“Pon tu amor contra la justicia”

“Que tu amor sea más fuerte que la traición”

“Que la gracia sea más fuerte que el pecado”.


Invocamos a Dios para que manifieste su piedad y compasión por nosotros como un padre lo hace por su hijo al pedir el perdón o remisión de sus culpas.

En el A.T. este término rahamim significaba no un “concepto”, sino el gesto que tiene una madre, después que su bebé ha llorado desconsoladamente, para levantar el ánimo. En términos entendibles sería el gesto que la mamá tiene hacia el hijo cuando tocándole la barbilla reiteradamente le dice: “Cuchi-cuchi”…

Por eso piedad significaba amor materno, regazo materno, entrañas maternas. El amor de Dios es totalmente gratuito no fruto del mérito, por eso clamamos al amor materno de Dios: piedad. Is 49, 15; Os 14, 5;

Porque fruto del amor de Dios es el perdón, la restauración de la gracia y el restablecimiento de la alianza interior. No es fruto de nuestras obras ni méritos… sino de la fidelidad de Dios a sí mismo y responsabilidad del propio amor de Dios -Ez 36, 22-.

Lam 4, 3-6; Ex 34, 6; 2Sam 2, 6; 15, 20; Salmo 25, 10; 40, 11; 85, 11;138, 2; Miq 7, 20. Todo el Salmo 103 y 145. Salmo 6, 3; Salmo 51, 3; Mt 9, 27.

OTRA FORMA DE LITURGIA PENITENCIAL.



ASPERSIÓN DEL AGUA

Es otra fórmula de absolución penitencial -no sacramental- como se hace sobre todo en el tiempo pascual. También tiene una base bíblica.

Basada principalmente en el Salmo 51, en el que después de una confesión reiterada de pecados, delitos, culpas y maldades, el penitente invoca una nueva creación de Dios: “crea en mí, oh Dios…” Una creación donde se renueva un espíritu firme, donde no se quita el santo espíritu, donde se afianza en el espíritu generoso.

Se habla de Ezequiel, de un espíritu que da consistencia por dentro, contrarrestando los huesos quebrantados, un espíritu firme que sustituye al espíritu quebrantado, un espíritu santo que lo arrebate a la esfera divina, que nos consagra.

Por eso revivimos Ez 36, 25-26: “Os rociaré con agua que os purificará, de todas vuestras inmundicias e idolatrías os he de purificar. Os daré un corazón nuevo y os infundiré un espíritu nuevo; arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra y os daré un corazón de carne…”

Jn 3, 5 "En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de agua y de Espíritu..."

PRIMER HIMNO DE ALABANZA Y ACCIÓN DE GRACIAS.



GLORIA

Después del acto penitencial profundamente bíblico, obedecemos al mandato de la misma Palabra de alabar a Dios con un himno de alabanza 1Pe 2, 9; Hb 2, 12. Una comunidad, sí, compuesta de pecadores, pero perdonados, reconciliados en Cristo, que sentimos la alegría de la salvación tras el humilde reconocimiento de nuestra verdad.

Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.

Recordamos que de Dios es la Gloria, sobre todo de su manifestación en la Encarnación, en el Dios con nosotros como indica Lucas 2, 14, y ya profetizado por Ez 3, 12, y remarcado de nuevo en Lc 19, 38. Proclamamos la Gloria de Dios y la paz o shalom mesiánico-bíblico.

Por tu inmensa gloria Ez 3, 12
Te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos

Son expresiones que nos indican que solo a Dios adoramos y damos culto -Dt 6, 13-

Señor Dios Jn 20, 28
Rey celestial, Salmo 24, 7-8

Por ello adoramos a la Trinidad Santa, un solo Dios y tres personas, con los atributos bíblicos:

Dios Padre todopoderoso
Señor Hijo único, Jesucristo
Señor Dios, Cordero de Dios,
Hijo del Padre;
Tú que quitas el pecado del mundo,
Ten piedad de nosotros;
Tú que quitas el pecado del mundo,
Atiende nuestra súplica;
Tú que estás sentado a la derecha del Padre,
Ten piedad de nosotros;
Porque sólo tú eres Santo,
Sólo tú Señor,
Sólo tú Altísimo, Jesucristo,
Con el Espíritu Santo
En la gloria de Dios Padre.

ORACIÓN COLECTA - ORACIONES PRESIDENCIALES



(Colecta, ofertorio y final)

Después de "obedecer" a la Palabra de Dios en la reunión de la asamblea como Pueblo de Dios para proclamar la alabanza del Señor, que como comunidad pecadora pero reconciliada por Cristo canta las alabanzas del Señor... viene la oración propia a Dios. Estas oraciones están inspiradas y abundantemente influenciados por la Sagrada Escritura. Por eso es una oración coordinada, subrayada e intérprete de la Escritura.

De ahí que la oración colecta tiene como función, precisamente, crear un ambiente espiritual en el que la asamblea reunida se apresta a escuchar la Palabra de Dios y celebrar la Eucaristía.

Oremos

La invitación a orar es una constante en la Escritura: Col 4, 2; 1Tes 5, 17.

Pero este momento después del oremos se hace un largo silencio, donde cada uno en su corazón presenta en ofrenda su oración personal -por eso se llama colecta- Ef 5, 19; Col 3, 16; Mt 6, 6.

Y después, el representante de la comunidad re-colecta todas las oraciones y se las presenta al Padre por Jesucristo en unidad con el Espíritu Santo. Jn 16, 23; Mal 1, 11; Mt 7, 7; 1Cor 12, 3; Ef 5, 20; Ef 6, 18.

LITURGIA DE LA PALABRA





¿Dicen que no se lee la Palabra de Dios en la Eucaristía?

Se ha distribuido la liturgia de la Palabra en tres ciclos -años- (A, B, C), de tal modo que si vas todos los días a misa durante tres años, escucharás la proclamación de los evangelios casi íntegros, buena parte de las epístolas y una cantidad notable del Antiguo Testamento. Desde el Génesis hasta el Apocalipsis, toda la Escritura.

Lo más importante es que se pone en conexión entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, aunque la segunda lectura no siempre encaja con el tema…

Vivimos por tanto de la Palabra que “sale de la boca de Dios”, por eso no se “lee” la Palabra, sino que se proclama, cuando se lee la Escritura en la Eucaristía es Dios quien habla y el pueblo escucha, es Cristo quien habla… por eso no llevamos la Biblia bajo el brazo a la Eucaristía, porque no se trata de estudiar la Palabra, sino de vivir de la Palabra que sale de la Boca de Dios. Mt 4, 3-4; Dt 8, 3; Jn 6, 68; Hb 1, 1-2, y así es como profetizó Isaías: Is 55, 10-11, como semilla Mt 13, 18-23; Hb 4, 12. Ya Joel también profetizaba que la Palabra saldría del templo como Manantial Joel 4, 18.

Ahora bien, al igual que la Escritura nos muestra, la palabra está entretejida de gestos. Del mismo modo nosotros hacemos entrada procesional, inclinaciones, genuflexiones, sentados, de pie, manos juntas, alzadas…

Por lo tanto la fe viene no del estudio de la Palabra, sino de la escucha de la Palabra, Jn 6, 39; Rom 10, 17.

Es lo que San Pablo en Gál 3, 2-5 la fe en la predicación o auditus fidei.

También en Rom 1, 5 se nos habla de la obediencia de la fe (ob-audire).

Es un encuentro por tanto con la Persona de Cristo, con su Palabra viva, una comunión con su Palabra Jn 6, 32-36

Esta liturgia es muy bíblica: se realizaba estando el que proclamaba la palabra de pie sobre un estrado de madera levantado más alto que todo el pueblo… el pueblo se ponía en pie, se empieza con una bendición y una aclamación el pueblo. Neh 8, 4-7 incluso con su homilía o aclaración e interpretación del sentido para que todos comprendieran la lectura Neh 8, 8.

El sentarse y actitud de escucha

En el momento en que la asamblea se sienta y entra el silencio religioso se expresa lo esencial de la religión bíblica cristiana en cuanto no inventada o construida a partir del esfuerzo y de la investigación del hombre, que desde un “estudio” quiere llegar a la comunión con Dios, típico de las “sectas” fundamentalistas, por ejemplo. Lc 11, 28; Lc 10, 39

En la Biblia vemos cómo es Dios quien toma la iniciativa, es Dios quien abre el diálogo dirigiéndose a su pueblo -1Jn 4, 10-. Dios siempre se nos adelanta. Porque no se reveló solo a los hombres de su tiempo, sino que pretende establecer una relación con todos los hombres de ayer, de hoy y de siempre.

Por eso nos disponemos a la escucha, nos abrimos al diálogo y nos dejamos interpelar y cuestionar.

De ahí que aquella palabra revelada de hecho hace tantos siglos por boca del profeta, de Jesús, de San Pablo en la intención del Espíritu Santo, autor principal, se dirige a la comunidad concreta y presente en el hoy, y esta Palabra espera respuesta de la comunidad para de este modo encarnarse en las vidas de los oyentes.

El acompañamiento de la lectura del Evangelio con velas e incienso. El levantarse ante la presencia de Cristo en su Palabra.

Es un signo que educa al pueblo de Dios a percibir la solemnidad y eficacia de ese momento en que todos estamos a punto de entrar en contacto con Cristo, luz y palabra definitiva del Padre dirigida a nosotros.

Es de esto modo que me lleno de temor y tiemblo ante la gran responsabilidad de entregar la Palabra de Cristo para que la asamblea la escuche y deje que se encarne en sus vidas… ya la asamblea en la lectura de Nehemías se presentaba ante la Palabra de Dios visiblemente emocionados, llorando... ¿Cómo es nuestra actitud?



¡¡Leemos la Ley y los profetas!!

El mismo Jesús nos dijo que a Él se referían los libros del Antiguo Testamento, cuando se aplicó un pasaje de Isaías -Lc 4, 21- o cuando afirmó que debía cumplirse lo que acerca de Él estaba escrito "en la Ley de Moisés, en los profetas y en los Salmos" -Lc 24, 44-.

¡¡Cantamos los Salmos!!

Los Salmos nos enseñan a orar, a responder a su Palabra con su Palabra. En ellos encontramos las dos grandes líneas de la plegaria: la petición y la alabanza. Nos dan las más bellas palabras para pedir y alabar. Es Dios mismo quien por medio de ellos, nos enseña a hablarle, como lo hace un padre con su hijo. Con tal Maestro estamos seguros de acertar, porque solo Dios habla bien de Dios.

Cuando escuchemos o cantemos el Salmo, en la liturgia, acallemos el bullicio exterior, paladeemos las palabras sagradas, y dejemos que Dios nos hable y que quien le conteste sea nuestro propio corazón.

¡¡Leemos las Epístolas!!

La Iglesia ha perseverado desde el principio en la doctrina de los apóstoles (cf. Hch 2, 42). Cuando en la Liturgia de la Palabra se proclaman los escritos de los apóstoles, la asamblea cristiana abre los oídos del corazón para captar la voz viva de quienes fueron los primeros testigos de Cristo y los guías más calificados para llevarnos al conocimiento y al amor del Señor.

¡¡Cantamos el Aleluya!!

La voz hebrea hallel o hallelû jah, significa alabad a Yahveh y corresponde al gloria a Dios. Era la gran oración de los israelitas ante Dios. Once salmos empiezan con esa palabra y, con ella terminan trece, porque los salmos son ante todo una alabanza.

¡¡Proclamamos el Evangelio!!

La Iglesia heredó de la primera comunidad cristiana del siglo I, cuatro libros que nos anuncian la vida y obra de Jesús: Mt, Mc, Lc, Jn.


Toda la liturgia es en torno a la Palabra de Dios, leída, escuchada, entendida, comprendida, profesada, reconocida y encarnada, ante la cual ofrecemos en forma de sacrificio espiritual las necesidades de la Iglesia y del mundo entero.

Un hombre apasionado lector y comentador de la Escritura como lo fue San Gregorio Magno, llegó a confesar de sí mismo que con frecuencia, leyendo y releyendo un texto cuyo sentido no había logrado descubrir, situado ante los hermanos, "lo he comprendido". Y es que es lugar propio de la Palabra de Dios: la que se dirige al Pueblo de Dios reunido, porque el Tesoro de la Palabra fue entregado a la Iglesia comunidad y no al individuo solo.

En la HOMILÍA, acto litúrgico ya visto en Nehemías, por ejemplo, se llega hasta el fondo en las exigencias de la fe, de la conversión, del seguimiento de Cristo cueste lo que cueste. Es lo que nos une en una fe única, y por tanto profesada en el Credo.

La Comunidad en el CREDO expresa como en un gran Amén su adhesión de fe a todas las grandes obras de Dios y al mensaje de su palabra.

La Comunidad ante una misma fe en torno a la Palabra de Dios, le pide unida por las necesidades de la Iglesia y del mundo entero, en la ORACIÓN UNIVERSAL.


La Biblia habla de Sagrario, de Ambón o Púlpito, de Asamblea, de Proclamación de la Palabra, de Homilía, etc...

Creo conveniente tratar como solo la Eucaristía en esta parte tan importante de la liturgia es la forma correcta de entender la Escritura, cómo la misma Escritura nos dice la manera que hay que comprenderla. Para ello, echaremos mano de nuestros hermanos mayores en la fe, el pueblo judío.

En las sinagogas todo estaba orientado hacia el armario sagrado ´arôn ha-qôdes, puesto en la pared que da hacia Jerusalén. Tiene una forma y parecido a la del Sagrario que tenemos los católicos. Está encerrado, envuelto en paños de seda y ornamentos. Ahí se guardaba el Pentateuco o la Tôrah. Este armario se inspira en la antigua arca de la alianza ´arôn ha-berît, que contenía las dos tablas de piedra que había depositado en ella Moisés. Ex 40, 20; 1Re 8, 9; Heb 9, 4.

Pero la tôrah no era para tenerla encerrada, se convertía en presencia divina cuando era proclamada. Por eso la Escritura es llamada precisamente Miqra´, es decir, lectura en voz alta. Por ello un lugar muy destacado en la sinagoga era el púlpito, bimah o tebah, esto es, el lugar donde se proclama la palabra. Y hay algo más importante todavía, la presencia viva de la asamblea que proclama y escucha, representada por un mínimo de diez hombres adultos Dt 1, 15. De hecho el nombre sinagoga viene de asamblea.

Ya en el N.T. se nos atestigua que la Palabra era para ser proclamada, y así lo hizo Jesús mismo: Lc 4, 16; He 13, 14; 15, 21. La misma lectura de la tôrah estaba estructurada en ciclos, después de la proclamación de ésta, se venía otra lectura sacada de los profetas.

La proclamación del texto se remonta al s. V a.C con Nehemías 8, aunque el pueblo judío lo lleva hasta Moisés. Ex 18, 20

La intención del pueblo judío era conmemorar la alianza del Sinaí, Ex 24, 7, hacerla presente, igual manera que tiene nuestra Eucaristía, la alianza realizada en la última cena.

Es de este modo que la Escritura nos enseña que proclamada de este modo se conmemora la Alianza. Es de este modo que en Heh 8, 5 se expresa el mismo acontecimiento de Ex 24, 3; 34, 10.

Así como el sábado era memorial de la liberación pascual Dt 5, 15, para nosotros es el Domingo con la Resurrección.

La tôrah no es considerada como un corpus de preceptos rígidos y esclerotizados, sino Enseñanza que hay que explicar. Cuando se es proclamada es el hoy, el aquí y el ahora litúrgico Dt 11, 13; 26, 16. En el pueblo judío el hacer precede al escuchar Ex 24, 7, por lo tanto es lectura, interpretación bíblica.

Por lo tanto, se nos descubre la Escritura en dos dimensiones: la halakah -vía normativa-, y la haggadah -narración homilética-.

El halakah Jesús lo llama camino que lleva a la vida -Mt 7, 14-, este camino se confió a las manos humanas que han de sacar de allí normas de comportamiento para la santificación Dt 30, 2. Se nos habla entonces de una cadena de transmisión en 1Cor 11, 23; 15, 3.

La transmisión de la tôrah era entendida no como un texto escrito, sino también de abundante serie de interpretaciones dirigidas a salvaguardar los preceptos, especificándolos y extendiéndolos. Un primer grupo de interpretaciones se encuentra en la misma Escritura, en los profetas y hagiógrafos, pero otro grupo de interpretaciones es oral. Es de este modo que existe la tôrah escrita y la tôrah oral, dos aspectos de una misma revelación. Se llamaba la tôrah y la miswah´, de tal modo que solo con la última podemos entender el significado de lo escritoEx 24, 12.

EL CREDO



EL CREDO

La comunidad en el credo expresa como en un gran AMÉN su adhesión de fe a la Palabra proclamada y explicada.

¿Dónde está en la Escritura el AMÉN o CREO ante la Palabra proclamada?

En Neh 8, 6 es un compromiso solemne, preciso e irrevocable.

1Crón 16, 36 es un hecho sagrado del comienzo de culto.

Salmo 41, 14; 72, 19; 89, 53; 106, 48. Reiterado en los salmos como parte integrante del salterio.

Jer 28, 6 No es un asentimiento débil

Núm 5, 22 Supone una responsabilidad jurada.
Dt 27, 15-26; Neh 5, 13 Es una renovación pública, comunitaria y litúrgica del compromiso a observar la Alianza y practicar la justicia social.

1 Crón 16, 36 Es una aclamación litúrgica.
Rom 1, 25; Gál 1, 5; 2Pe 3, 18; Heb 1, 21; 1Cor 14, 16 Es adhesión a la oración y a la palabra de Cristo.

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