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· La Santa Misa (2)

La Santa Misa es al mismo tiempo banquete y sacrificio, y tiene la finalidad de unir en comunión a Dios con los hombres.

En el Antiguo Testamento, Dios hizo un pacto, por el cual escogió a Israel como su pueblo. El pueblo eligió obedecer a su Dios. Con la sangre de un animal ofrecido en sacrificio se hacía una aspersión. La mitad de la sangre se derramó sobre el altar, que representaba a Yahvé-Dios, y la otra mitad sobre el pueblo. Así se venía a significar la comunión entre Dios y su Pueblo. (Exodo 24, 1-2, 5-8)

En la Santa Misa, la víctima ya no es un animal, sino que es Jesucristo, el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. La carta a los Hebreos en el Nuevo Testamento lo explica muy bién:

«Cristo entró de una vez para siempre en el santuario, no con sangre de machos cabríos y de becerros, sino con su propia sangre, adquiríendonos una redención eterna. Pues si la sangre de los machos cabríos y de los becerros y la ceniza de la becerra, con las que se aspersa a aquellos que están manchados, los santifica, procurándoles la pureza del cuerpo, ¿cuánto más la sangre de Cristo, que por virtud del Espíritu eterno se ofreció a sí mismo a Dios como víctima inmaculada, purificará nuestra propia conciencia de sus obras muertas, para servir al Dios viviente? (HEBREOS 9, 12-14)