Unción de enfermos
La Unción de los Enfermos
Sacramento para vivir cristianamente la enfermedad
¿Está enfermo alguno de ustedes?
Llame a los presbíteros de la Iglesia, que oren sobre él y lo unjan con el Oleo en el nombre del Señor. Y la oración de la fe, salvará al enfermo y el Señor hará que se levante, y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados... “Oren unos por otros para que sean curados” (Carta del Apóstol Santiago, Capítulo 5, 11, 16)
Jesús está cerca de los enfermos
Jesús tiene una manera de hacer: Recibe con amor a los marginados (Mc 1, 40-42)
Está cerca de los débiles y los defiende (Jn 8, 1-11)
Está atento a las necesidades de los otros (Mc 6, 32-42)
Escucha y acompaña al padre que ruega por la hija enferma de gravedad (Mc 5, 21-24)
Se conmueve delante de la viuda que ha perdido a su único hijo (Lc 7, 11-16)
Llora ante la muerte de su amigo Lázaro (Jn 11, 1-36)
Cura paralíticos, sordomudos, ciegos, enfermos, etc... Jesús nos dice: “Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, y yo los aliviaré”. (Mt 11, 28)
“Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” (Jn 10, 10)
“Todo lo que hagan a uno de esos mis pequeños hermanos, a mí me lo hacen” (Mt 25, 40)
“Levántate, toma tu camilla y anda” (Mc 2, 9)
“Estuve enfermo y viniste a visitarme” (Mt 25, 31 y siguientes) Se identifica con los enfermos y nos invita a visitarlos, acompañarlos y consolarlos. (Mt 25, 31 y siguientes)
La Unción de los enfermos es: Un Sacramento por el cual el sacerdote y la Comunidad cristiana oran por el enfermo, ungiéndole con el aceite sagrado.
Un Sacramento para ayudar a los enfermos a vivir cristianamente su enfermedad, ancianidad o minusvalía.
Una oración que anima a creer que la vida vale la pena ser vivida.
Una acción de Cristo y de la Iglesia por el ministerio del sacerdote.
Cristo se acerca al enfermo que expresa su fe en Él.
Ungiéndose a Cristo en su dolor, el enfermo participa en su gloriosa RESURRECCIÓN. La Unción de los enfermos NO es: Un Sacramento para el último momento de la vida (moribundos)
Menos aún para cuando ya ha fallecido la persona (para estos momentos la Iglesia tiene otras acciones propias)
Un rito mágico para recobrar la salud.
Un anuncio de la muerte cuando la medicina no tiene que hacer. ¿Quiénes han de recibirla, y cuándo? Los enfermos graves y delicados.
Quienes van a ser sometidos a una operación grave.
Aquellos ancianos que presentan limitaciones físicas severas o bien las manifestaciones de un envejecimiento patológico o acelerado.
Los enfermos graves que han perdido el conocimiento, y de quienes puede suponerse que pediría el sacramento si pudieran.
Los niños enfermos graves si comprenden la significación de este sacramento.
Los mayores de 65 años que así lo deseen. Efectos que produce:
La UNCIÓN DE LOS ENFERMOS da al enfermo una GRACIA especial del Espíritu Santo con la cual: Es ayudado en su salud.
Es confortado por la confianza en Dios.
Es robustecido contra las tentaciones de la mal y la angustia de la muerte, de tal modo que pueda soportar sus males con fortaleza y luchar con ellos.
Consigue la salud del cuerpo si conviene para su salvación.
Recibe el perdón de los pecados. FORMULA DEL SACRAMENTO
" Por esta Santa Unción y por su bondadosa misericordia te ayude el Señor con la gracia del Espíritu Santo. Amén.
Para que libre de tus pecados, te conceda la salvación y te conforte en tu enfermedad. Amén. "
Terminada la Unción, el Sacerdote agrega esta consoladora Oración:
" Te rogamos Redentor Nuestro, que con la Gracia del Espíritu Santo, cures la debilidad de este/a enfermo/a, sanes sus heridas y perdones sus pecados. Aparte de él/ella lo que aflige su alma y su cuerpo. Por tu misericordia devuélvele la perfecta salud espiritual y corporal, para que restablecido/a por tu bondad, pueda integrarse a sus deberes habituales, por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén."
Rezan todos el PADRE NUESTRO y encomendándolo/a a la Santísima Virgen María rezan juntos el AVE MARÍA. ENTONCES EL SACERDOTE LE OTORGA UNA ESPECIAL BENDICIÓN.
“Es un deber de caridad, de amor llamar al Sacerdote cuando el enfermo está delicado o grave para que reciba los auxilios espirituales. Quien no lo hace será responsable delante de Dios, de haber negado este servicio espiritual al enfermo”.
Boletín de la Pquia. Santa Lucía – Rosario – Argentina
De libre difusión
Transcribimos los contenidos que aporta el Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica
sobre el sacramento de la Unción de los Enfermos...
http://www.geocities.com/Heartland/Flats/1526/uncion.htm
El Sacramento de Unción de los Enfermos Ubicamos a la enfermedad y al sufrimiento entre los problemas mas graves que aquejan nuestra vida humana. En la enfermedadm el dolor y la muerte "principales consecuencias del mal y del pecado en el hombre y en el mundo" experimentamos nuestra impotencia y nuestros propios límites. Estas realidades inevitablessin una buena y oportuna orientación, suelen conducirnos a la angustia, a encerrarnos en nosotros mismos, y muchas veces a desesperarnos y revelarnos contra Dios. Pero a la larga nos vuelven mas maduros, hacen que sepamos distinguiren nuestra vida lo que no es esencial para movernos hacia lo definivo y realmente importante. Con mucha frecuencia, la enfermedad, el dolor y la muerte nos empujan a una búsqueda fuerte de Dios y de alguna manera nos plantea un retorno a El. El hombre del Antigüo testamento vive la enfermedad ante Dios: se lamenta por ella e implora de El, que es el Señor de la vida y de la muerte, la curación. La enferamedad se convierte en camino de conversión. El perdón de Dios ignaugura la curación. La compación de Cristo hacia los enfermos y su numerosas curaciones de dolientes de toda clase son un signo maravilloso de que " Dios a visitado a su pueblo" y de que el Reino de Dios está muy cerca. Jesús es el médico que los hombres necesitamos cuando estamos enfermos: no tiene solamente poder para curarnos, sino también para perdonar los pecados: la salud del cuerpo depende fundamentalmente de las almas. Su amor de predilección para con los hermanos no ha cesado a lo largo de los siglos. " ¡ Sanen a los enfermos ! " ( Mt 10.8) . Como Iglesi hemos recibido esta tarea del Señor e intentamos realizarla tanto mediante los cuidados físicos que proporcionamos como oración de interseción con la que los acompañamos. Creemos en la presencia vivificante de Cristo, médico de las almas y de los cuerpos. Esta presencia actúa particularmente a través de los sacramentos, y de manera especial por la Eucaristía, Pan que dá la vida eterna y cuya conexión con la salud corporal insinúa San Pablo. En la tradición, tanto en Oriente como en Occidente, poseemos desde la antigüedad testimonios de unciones de enfermos practicadas con aceite bendito. Desde la época de los Apóstloes, en la Inglesia tenemos un rito propio como dice Santiago en su carta: "¿ Está emfermo algunos de ustedes?" llame a los presbíteros de la Iglesia, que oren por el y le unjan con oleo en nombre del Señor. Y la oración salbará al enfermo, y el Señor hará que se levante, y si hubiera cometido pecado, les serán perdonados". En este rito celebramos un sacramento, LA UNCIÓN DE LOS ENFERMOS, especialmente destinado a reconfortar a las personas que sufren el dolor de la enfermedad o la proximidad de la muerte. A medida que fueron pasando los años, la unción de los enfermos le dábamos, casi "en exclusiva", a los que estaban a punto de morirse; con esta única unción completabamos la única y última confesión de los pecadoshecha sobre el final o " extremo" de la vida. Esta la hera la temida "extremaunción", cuya deficiente y desactualizada catequesis los ha estado llevando a conductas fuera de lugar para que con nuestros hermanos enfermos ( todavía hay quienes piden este sacramento " a escondidas" para un familiar o amigo pero que el interasado "no se entere" que " no se dé cuenta", para no asustarlo). Consideramos como tiempo más oporltuno para recibir este sacramento cuando nuestra vida "empieza a estar en" peligro de enfermedad (tratamiento difícil o extenso, operación riesgosa) o vejez (personas de edad avanzada cuya fuerzas se debilitan, aunque no estén propiamente enfermas). Si ya recibimos la Unción, pero recuperamos la salud, podemos, en caso de una nueva enfermedad, recibirla de nuevo. Si dentro de una misma enfermedad nos agravamos, nos pueden ungir de nuevo. Lo mejor es que participemos con lucidez de conciencia en la celebración... no dejemos pasar el tiempo ni esperemos a que ese hermano o hermana esté inconciente o que, por prejuicio o descuido nuestro, la gracia no le llegue a tiempo. Esta gracia ocurre en el interior de la persona, aunque exteriormente poco o nada lo notemos: es la asistencia del Señor por la fuerza de su Espíritu Santo, que nos trae consuelo, paz y confianza en Dios para que superemos las tentaciones de desaliento y de angustia acerca de la muerte con las que nos bombardean el Maligno, aprovechándose de una enfermedad larga o grave o de la fragilidad de la vegez. En caso de imposibilidad de confesarnos, "si hubiéramos cometido pecados, nos serán perdonados". Necesitamos entonces reubicar nuestra esperanza y confianza en las manos de un Dios que siempre estuvo, está y estará presente en nuestras vidas, ¡¡y no a último momento!!. Obviamente si la única vez que el enfermo ve al sacerdote es en el trance de la muerte, a nadie nos quedará ninguna impresión agradable del sacramento. Y si la persona muere en ese clima "de terror" desde todo puento de vista, ¿qué vamos a decir de su eficacia?. Es interesante aclarar que el sacramento promete fortaleza y salud espiritual pero no asugura la sanación física (esto está reservado al plan que Dios tiene sobre la existencia de cada uno, que nosotros no conocemos, pero de pedir al Señor que puediéramos recobrar nuestra salud si así convenía a nuestra salvación. El sacedote, cuando unge a un enfermo en la frente y en las palmas de las manos con aceite de oliva (bendecido por el Obispo en la Misa Crismal), dice: "Por esta sanata Unción, y por su bondadosa misericordia te ayude el Señor con la gracia del Espíritu Santo, para que, libre de tus pecados, te conceda la salvación y te conforte en la enfermedad". Fuera de los casos de urgencia, la Unción podemos celebrarla en comunidad, bien en nuestra propia casa, en el centro de salud o en el templo, para un solo enfermo o varios de ello. De hacerlo en el templo, es muy conveniente que la celebremos dentrol de la Eucaristía, memorial de la Pascua del Señor (precedida, si fuera necesario, del sacramento de la Reconciliación o Confesión). Tenemos como fechas importantes el 11 de ferbrero (Jornada Mundial de Oración de los Enfermos) y el segundo domingo de noviembre (Día Nacional del Enfermo). Por la profunda relación que tienen los sacramentos con el Misterio de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor, tambien la Unción comunitaria puede tenerse en el tiempo de Cuaresma y en la Cincuentena Pascual. Es verdad, es hermoso comprender que la Unción no es el final sino el centro de nuestra vida porque, como un puente entre dos orillas (con los demás "sacramentos de la Pascua de Cristo" ya celebrados en la tierra), nos concede vivir adecuadamente nuestra propia Pascua, nuestro "paso" de este mundo a la eternidad. Iglesia de Argentina
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