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El concilio Vaticano II finalizado en 1965, tuvo entre otros como temas principales:

Os recuerdo hoy, este texto importante del concilio, donde se recomienda la lectura asidua de la Sagrada Escritura (La Biblia).

Quiero hacer incapié en que el concilio hizo esta recomendación a la Iglesia en 1965, y que estamos en el año 2011.

El punto 25 comienza con la expresión: "ES NECESARIO".

Luego hay otra expresión dirigida SOBRE TODO a los sacerdotes, los cuales deben SUMERGIRSE EN LAS ESCRITURAS, para que no resulten ser predicadores vacíos y superfluos de la Palabra de Dios".

Hago notar que según el diccionario, ser un predicador vacío, y acudiendo al diccionario de la lengua española, sería algo así como, aquel sacerdote cuya predicación es "falta de contenido", "hueca", "con falta de solidez", "que carece de algo". Yo diría que una predicación vacía de contenido es aquella que no conduce a nada. Nada más que tiempo perdido por el que habla y el que escucha.

Y en segundo lugar, la predicación "superflua" es aquella que lo que dice, "está de más", "que no es necesaria".

Hay algo más. También está el predicador que no predica ni vacío ni superfluo, sino que simplemente se limita a no predicar.

Esto me parecería una clara dejadez de su responsabilidad y de su vocación, y esta persona estaría sirviendo mal a sus hermanos, a los que se comprometió a servir. Y voy más allá. Haciendo eso no sirve a Dios, sino que está haciendo justo lo que quiere el demonio. ¿O no es verdad que el demonio disfrutará observando a un pueblo cristiano que no conozca a Jesucristo? Y ya dijo San Jerónimo: "Desconocer la Escritura es desconocer a Cristo"

Y la pregunta es: ¿Porqué el sacedote sobre todo, tiene NECESIDAD de SUMERGIRSE EN LAS ESCRITURAS, según recomendaba el concilio?

Pues lo dice también el punto 25. Porque DEBE COMUNICAR A LOS FIELES, es decir a los cristianos no ordenados como sacerdotes, las riquezas de la Palabra de Dios, que es ALIMENTO para sus almas.

Doy gracias a Dios por los sacerdotes que llegaron a ser conscientes de esto, y a poner en práctica las recomendaciones del Concilio Vaticano II en este aspecto, y ruego a Dios por aquellos que no tienen en cuenta estas recomendaciones que nuestra Santa Iglesia Católica nos ha enseñado, y que en nuestros días, también están entre nosotros, para que se den cuenta del tiempo en el que vivimos, y sean fieles a Dios y a la Iglesia.

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25. Es necesario, pues, que todos los clérigos, sobre todo los sacerdotes de Cristo y los demás que como los diáconos y catequistas se dedican legítimamente al ministerio de la palabra, se sumerjan en las Escrituras con asidua lectura y con estudio diligente, para que ninguno de ellos resulte "predicador vacío y superfluo de la palabra de Dios que no la escucha en su interior", puesto que debe comunicar a los fieles que se le han confiado, sobre todo en la Sagrada Liturgia, las inmensas riquezas de la palabra divina.

De igual forma el Santo Concilio exhorta con vehemencia a todos los cristianos en particular a los religiosos, a que aprendan "el sublime conocimiento de Jesucristo", con la lectura frecuente de las divinas Escrituras. "Porque el desconocimiento de las Escrituras es desconocimiento de Cristo". Lléguense, pues, gustosamente, al mismo sagrado texto, ya por la Sagrada Liturgia, llena del lenguaje de Dios, ya por la lectura espiritual, ya por instituciones aptas para ello, y por otros medios, que con la aprobación o el cuidado de los Pastores de la Iglesia se difunden ahora laudablemente por todas partes. Pero no olviden que debe acompañar la oración a la lectura de la Sagrada Escritura para que se entable diálogo entre Dios y el hombre; porque "a El hablamos cuando oramos, y a El oímos cuando leemos las palabras divinas.

Incumbe a los prelados, "en quienes está la doctrina apostólica, instruir oportunamente a los fieles a ellos confiados, para que usen rectamente los libros sagrados, sobre todo el Nuevo Testamento, y especialmente los Evangelios por medio de traducciones de los sagrados textos, que estén provistas de las explicaciones necesarias y suficientes para que los hijos de la Iglesia se familiaricen sin peligro y provechosamente con las Sagradas Escrituras y se penetren de su espíritu.

Háganse, además, ediciones de la Sagrada Escritura, provistas de notas convenientes, para uso también de los no cristianos, y acomodadas a sus condiciones, y procuren los pastores de las almas y los cristianos de cualquier estado divulgarlas como puedan con toda habilidad.

Epílogo

26. Así, pues, con la lectura y el estudio de los Libros Sagrados "la palabra de Dios se difunda y resplandezca" y el tesoro de la revelación, confiado a la Iglesia, llene más y más los corazones de los hombres. Como la vida de la Iglesia recibe su incremento de la renovación constante del misterio Eucarístico, así es de esperar un nuevo impulso de la vida espiritual de la acrecida veneración de la palabra de Dios que "permanece para siempre" (Is., 40,8; cf. 1 Pe., 1,23-25).

Todas y cada una de las cosas contenidas en esta Constitución Dogmática han obtenido el beneplácito de los Padres del Sacrosanto Concilio. Y Nos, en virtud de la potestad apostólica recibida de Cristo, juntamente con los Venerables Padres, las aprobamos, decretamos y establecemos en el Espíritu Santo, y mandamos que lo así decidido conciliarmente sea promulgado para gloria de Dios.

Roma, en San Pedro, 18 de noviembre de 1965.