3. Ocultismo, Astrología, Nueva Era


Hubo otra etapa de mi vida, en la que me aficioné mucho a todo lo misterioso y oculto, y llegué a sintonizar mucho con cosas como la Astrología, que mas allá de los típicos horóscopos de la prensa, llegué a estudiar con verdadera pasión y afición. Como yo no sabía nada de lo que la Iglesia enseña acerca de estas cosas, ni tampoco pensé nunca que eso fuera importante, y las cosas que veía me parecían tan maravillosas, creí de verdad que Dios me tenía que estar dando un don muy especial, pensaba que tenía que tener relación con ese Dios creador de todas las cosas, sin cuya Gracia no existiríamos, y del cual yo, no dudaba de su existencia, a pesar de que en estas cosas de la Astrología y ocultismo, el pensamiento es mas Agnóstico que religioso. Fueron varios años los que dediqué al estudio de estas cosas, y a otras relacionadas, con las que llegué a curiosear, como la parapsicología, los ovnis, etc.

Pero después de un tiempo, me dí cuenta de una cosa. Estas cosas no me respondían a uno de las preguntas mas importantes de mi vida. ¿Porqué estámos aquí? ¿Porqué tenemos que morir? ¿A dónde vamos después?. ¿De que sirve una cosa que sirve “supuestamente” para predecir el futuro de los demás, o incluso el tuyo, pero tu no puedes moverlo ni cambiarlo? Es como jugar a ser dios.

Todo el saber y ciencia que pudiera yo acumular no me estaban llenando un vacío en mi interior, y no lograba saber el motivo. La respuesta existe, pero yo no la conocía entonces.

Jesús dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida” 


Estaba llegando a pensar que Dios era mucho mas que todo esto que yo había descubierto.

Mi vida personal, mi comportamiento, mis hábitos, están necesitando un cambio, una transformación. Claro, yo entonces, como Católico “Nominal”, no pensaba mucho en lo que era realmente ser cristiano. Sólo pensaba que era una persona “normal”, incluso “buena”. Fue tal vez, un golpe duro, por la muerte inesperada de un familiar de mi edad, con la que me dí cuenta quizás de que la vida es “demasiado importante”, y tal vez motivado por una necesidad de llenar mi vacío espiritual, y aunque no recuerdo muy bien el como, y tampoco me importa, comencé a leer la Biblia, y poco a poco me voy dando cuenta al leer que el modelo a seguir en nuestra vida, existe, y estaba escrito en esas páginas. Tengo recuerdos de sentir gran paz al leer las palabras de Jesús narradas en los Evangelios, pero a la vez recuerdo la inquietud al leer otras cosas de la Biblia que no entiendo bien en aquella época. ¿A quién no le ha perturbado leer u oir del libro del Apocalipsis con aquellos signos y símbolos tan misteriosos?

Si me conocéis a mi, conoceréis también a mi Padre (Jn 14:7)

Yo soy la luz del mundo, el que me siga no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida (Jn 8:12)
 


Comienzo a tener una “nueva” percepción de Dios, y por primera vez en mi vida, observo una necesidad de hacer oración, y recibo a cambio un gran consuelo en mis tristezas. Nada de esto es mérito mío, puesto que es muy fácil cuando las cosas van mal, buscar el consuelo de alguien.

El Señor me concede la Gracia de apreciar su Palabra, de amarla, pone en mi un deseo de comprender lo que está escrito en las Sagradas Escrituras, pone en mi la certeza de que en ella está la auténtica verdad, y recibo también la Gracia de orar a Dios frecuentemente, era como una necesidad que había nacido en mi repentinamente.

Pero yo seguía siendo un Cristiano “nominal”, que desconocía muchos aspectos de la Fe que recibí en mis primeros años, pero que ya hacía muchos años que había ido perdiendo poco a poco, sin darme cuenta. Pero estaba leyendo la Biblia. Una tabla de salvación para mi fe.

«¿Entiendes lo que vas leyendo?. El respondió: «¿Cómo lo puedo entender si nadie me hace de guía?» (Hechos 8, 30-31) 


Yo era un poco como el etíope que narra el libro de los Hechos de los Apóstoles. Estaba leyendo al profeta Isaías y Felipe salió a su encuentro y le preguntó: «¿Entiendes lo que vas leyendo?, y el Etíope aludió a su imposibilidad de entender si alguien no le enseña que es aquello que lee.

Esto es lo que le ocurre a muchos cristianos y también a los no cristianos. Leer la Biblia es muy bueno, y hay cosas que se pueden entender fácilmente, pero en otras, te puede pasar como al Etíope. Si vives tu fe en solitario sólo con un libro, aunque este libro sea la Biblia, no es suficiente, porque tu eres una oveja, y Jesús es el Buen Pastor, pero la oveja tiene que estar junto al resto del rebaño, no puede estar aislada totalmente del resto. Para eso fundó Jesús su Iglesia. La Iglesia es como el Arca de Noé en cierto modo. Dentro del Arca está uno a salvo del diluvio y de los agentes externos que pueden acabar con tu vida. Dios llama a Noé a entrar en el Arca. Y Jesucristo te invita a entrar en su Iglesia. Dentro de la Iglesia está tu salvación. Pero no cualquier Arca le hubiera valido a Noé, sino que tuvo que construir la que Dios le indicó, con sus medidas y con sus materiales. La Iglesia de Jesucristo tiene unas caracteristicas que han sido previstas por Dios Padre para nuestro bien. Tienes que estar en el lugar correcto, la Iglesia que Jesucristo fundó sobre la primera piedra que fue Pedro. Tranquilo, la promesa de Jesús es inmutable: “Las puertas del infierno no podrán contra ella”, y eso, a pesar de los contínuos intentos de sus enemigos por destruirla, desprestigiarla, perseguirla, blasfemarla…

Los lobos están al acecho, y tratan de capturar a las ovejas, y lo hacen usando las armas del enemigo. (Jn 10:1-6)

Si Jesucristo es la Verdad, el enemigo usará la mentira y la falsedad. Si Dios es orden y paz, en el rebaño del ladrón y el salteador reinará la confusión y la inseguridad. ¿Qué no sabes todavía a que me refiero? Si la Iglesia que Jesucristo fundó es el rebaño, conducido por sus pastores debidamente ordenados por Dios, el resto son las sectas de ayer, las de hoy y las de mañana, los falsos maestros, los falsos profetas, las falsas iglesias de Cristo…

Yo estaba sólo, como oveja que se había alejado del rebaño y del Pastor, había caido en un pantano sin saber nadar muy bién y me sujeté a la única tabla que encontré antes de hundirme. Mi Biblia. Allí estuve durante algún tiempo. Esperando.

Con esta novedad en mi vida, y sin la protección que te da el estar dentro de la Iglesia que fundó Jesucristo, guiada por sus pastores legítimos, sus sacramentos y guardada por su Magisterio del error y la herejía, me enfrentaba a cuerpo desnudo, sin armadura, a las advertencias de Jesús, pero yo no lo sabía.

¡ABRE LOS OJOS!

2.De como puedes ser bautizado y apagarse la fe
4. Falsos cristos, falsos profetas